“Haciendo uso del derecho a réplica sobre la publicación del pasado jueves 24 de octubre que habla sobre la contaminación del lago Ypacaraí, quisiéramos dar nuestro punto de vista como afectados, ya que han nombrado a nuestro padre, el Arq. Carlos López Urbieta.
Se dice que es fácil acusar a una persona cuando esa persona ya no está en este mundo. Gracias a Dios nuestro padre tiene hijos, nietos, parientes y amigos que lo van defender.
Le queremos aclarar que nuestro padre fue un hombre de trabajo, gran luchador que empezó –como muchas personas de bien– de abajo. Lo que en un principio era un pajonal hoy es uno de los mejores complejos urbanísticos del país, dotado de toda la infraestructura turística de nivel internacional. En aquella época (1978), nosotros éramos niños, razón por la cual nuestro padre con mayor razón no iba a arriesgar la salud de sus hijos, amigos y clientes por intereses particulares.
Nuestro padre siempre fue defensor de la salud del lago, hizo todo lo que estuvo a su alcance para protegerlo. Vertió tales opiniones en aquella época (1978), y la siguió sosteniendo hasta sus últimos días, con el deseo de que el periodismo sea más patriota a la hora de informar, sobre todo cuando el tema es de interés nacional.
Hacerlo moderadamente en una página normal no en primera plana, no para esconder a la opinión pública nacional, sino para no espantar al turista extranjero, como en otros países. Mire usted si Uruguay por ejemplo va a sacar en primera plana, si llegara a ocurrir algo similar, algo sobre Punta del Este, o Argentina sobre Mar del Plata.
Cabe aclarar también que nuestro padre siempre mandaba las aguas del lago a laboratorios nacionales y extranjeros para su análisis, sumado a los hechos por las entidades públicas para que su señora, ocho hijos, parientes, amigos y clientes puedan bañarse con seguridad en el lago.
Con respecto a la contaminación por algas tóxicas, ya en aquella época él decía que era por las curtiembres y frigoríficos de la zona; cuando los organismos de control se percataban o eran avisados, las clausuraban y el problema desaparecía.
Sin otro particular, lo saludo atentamente en nombre de sus hijos”, finaliza la carta.