“Incluso la vida cristiana, sin adorar al Señor, puede convertirse en una forma educada de alabarse a uno mismo y el talento que se tiene. Es un riesgo grave: servirnos de Dios en lugar de servir a Dios”, lamentó el pontífice en su homilía.
Y añadió: “Cuántas veces hemos cambiado los intereses del Evangelio por los nuestros, hemos cubierto de religiosidad lo que era cómodo para nosotros, cuántas veces hemos confundido el poder según Dios, que es servir a los demás, con el poder según el mundo, que es servirse a sí mismo”.
Francisco abordó el tema de la adoración al analizar el ejemplo de los tres Reyes Magos que acudieron al Portal de Belén para arrodillarse ante el Niño Jesús.
Vaticinó que “si perdemos el sentido de la adoración, perdemos el sentido de movimiento de la vida cristiana, que es un camino hacia el Señor, no hacia nosotros”.
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Indicó también que aparecen personajes que no saben adorar, como el rey Herodes, empeñado en localizar al Mesías. “¿Qué nos enseña esto? Que el hombre, cuando no adora a Dios, está orientado a adorar su yo”, dijo.
El clero
Pero el peligro también amenaza al propio clero pues en las Escrituras también se subraya que los sacerdotes no acudieron al Portal a pesar de conocer el advenimiento. “De esto podemos aprender una lección. En la vida cristiana no es suficiente saber: sin salir de uno mismo, sin encontrar, sin adorar, no se conoce a Dios. La teología y la eficiencia pastoral valen poco o nada si no se doblan las rodillas”, sostuvo el papa.
