Benedicto XVI afirma que división de los cristianos ofende a Cristo

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Benedicto XVI dijo ayer que la división de los cristianos es una "ofensa" a Cristo y tras implorar la unidad, aseguró que, para ser en el mundo actual "señal e instrumento" de unidad con Dios y los hombres, los cristianos deben basar sus vidas en la comunión fraterna, la eucaristía y el rezo.

 

CIUDAD DEL VATICANO (EFE). El Pontífice hizo estas manifestaciones ante varios miles de fieles que asistieron en la plaza de San Pedro del Vaticano al rezo del ángelus, en el que recordó que la Iglesia Católica celebra desde el pasado día 18 y hasta el 25 (festividad de la Conversión de San Pablo), la semana de rezos por la unidad de los cristianos.   

Una vez más, el Obispo de Roma imploró la unidad de los cristianos –uno de los puntos cardinales de su pontificado– y afirmó que también hoy "para ser en el mundo instrumento de íntima unión con Dios y de unidad entre los hombres", los cristianos deben basar su vida en cuatro puntos: escuchar la Palabra de Dios, la comunión fraternal, la Eucaristía y la plegaria.   

El papa Ratzinger exhortó a los cristianos a la "plena y visible unidad".   

Benedicto XVI considera la unidad de los cristianos uno de los ejes de su pontificado.   
   
Oriente y Occidente se separaron con el cisma de 1054, con las excomuniones del papa León IX y del patriarca Miguel Cerulario.   

Les separan razones teológicas, así como el rechazo de los ortodoxos a la primacía de la autoridad papal.   

Los ortodoxos no reconocen la validez de los sacramentos católicos, al contrario que la Iglesia Católica que sí admite, desde el Concilio Vaticano II, los de la Iglesia Ortodoxa.   

Antes del gran cisma se produjo otra escisión, la de los cristianos armenios, que vivieron en comunión con Roma hasta el año 491, cuando abrazaron las tesis del monofisismo, según la cual Cristo solo tenía una naturaleza, la divina, y era hombre solo en apariencia.   

El Concilio de Calcedonia de 451 condenó el monofisismo y definió la doble naturaleza de Cristo, humana y divina, unidas sustancialmente en una sola persona divina.   

Los armenios no lo reconocieron y así nació la Iglesia Armenia, a la que no se puede llamar ortodoxa porque es anterior al cisma de 1054.   

Benedicto XVI considera la unidad de los cristianos uno de los ejes de su pontificado y ha dicho estar dispuesto a dar pasos efectivos para lograrla.