En los últimos años, muchas abejas empezaron a morir debido a un “colapso de las colonias”, un misterioso fenómeno atribuido en parte a pesticidas, así como a polillas, virus y hongos.
Los neonicotinoides son los insecticidas más usados del mundo. Se emplean en los cultivos de remolacha, trigo, colza, árboles frutales y viñedos, entre otros, para acabar con orugas, cochinillas, pulgones e insectos que carcomen la madera.
Como todo insecticida, a ciertas dosis, los neonicotinoides matan a los insectos, incluidas las abejas.
La UE decidió en abril prohibir en los cultivos en campo el uso de tres neonicotinoides (clothianidin, thiamethoxam e imidacloprid), objetos de restricciones desde 2013.
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Colapso de colonias
Los científicos se muestran preocupados porque incluso en pequeñas cantidades, estas sustancias que atacan el sistema nervioso de los insectos afectan a los polinizadores, desorientando a abejas y abejorros, lo que altera el esperma de los machos.
Los apicultores franceses constatan un alza de la mortalidad en sus colmenas desde la llegada de los neonicotinoides a mediados de los años 1990, aunque “ningún elemento científico riguroso” demuestra que sea la primera causa de mortalidad de las abejas, según el director científico del Instituto de la Abeja, el ecotoxicólogo Axel Decourtye, quien avisó que la medida, pese a ser positiva, no resolverá el problema.