El ganador tomará el relevo de Rafael Correa tras una década en el poder.
Pese a su cercanía con Correa, el candidato oficialista procuró mostrarse como un político de línea menos dura, con amplia capacidad de diálogo con diferentes sectores y dueño de una agenda política y económica propia, sin abandonar su militancia de izquierda.
Sobre Moreno recae no solo la permanencia del modelo político impuesto durante los últimos 10 años por el presidente Correa, sino la posibilidad de que se mantenga en pie uno de los últimos bastiones de la izquierda latinoamericana.
La ley ecuatoriana establece que un candidato ganará la Presidencia en una sola ronda de votaciones si obtiene una mayoría absoluta (la mitad más uno de los votos) o si alcanza un mínimo de 40% y obtiene una ventaja de 10 puntos porcentuales sobre el segundo más votado.
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Moreno y Lasso fueron los candidatos más votados de entre los ocho postulantes en la primera vuelta electoral que tuvo lugar el pasado 19 de febrero.
