HONG KONG (EFE, EFE).Relatos “terribles” como los calificó la ONG, revelan las prácticas de la Policía del régimen.
“Me esposaron. Un agente me golpeó durante seis o siete horas con un bastón eléctrico más de un centenar de veces. Me desmayé, perdí el control sobre la micción. Más tarde me obligó a arrodillarme sobre el bastón durante unas tres horas”, dice Gu Doying en uno de los testimonios recogidos.
“Me dejaron colgado con una cadena del techo, con una porra eléctrica comenzaron a golpear mis genitales. No aguanté más de siete u ocho minutos, así que les pedí que me bajaran para poder hablar de nuevo”, revela otro de los testimonios.
Estas son algunas de las 48 declaraciones de víctimas, familiares, abogados y exfuncionarios que componen el informe de HRW, elaborado sobre veredictos dictados por tribunales chinos en los primeros cuatro meses de 2014 en los que se hace referencia a casos de torturas.
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Otras prácticas incluyen el uso de grilletes o de las llamadas “sillas tigre” –asientos de hierro en los que se inmoviliza a las víctimas durante días–, privar de agua y comida a los detenidos o rociar zonas sensibles de su cuerpo con sustancias irritantes.
“El poder del sistema policial en China es inabarcable; la presión que ejerce llega a médicos y hospitales, que rechazan ser testigos de esos maltratos evitando enviar diagnósticos a tribunales sobre las vejaciones que sufren las víctimas”, indicó Sophie Richardson, directora de investigaciones sobre China de HRW.
Un aspecto clave para facilitar estos abusos es la falta de acceso a los detenidos por parte de abogados, familiares y médicos.
“Nuestros superiores lo saben, lo toleran, llevo muchos años siendo agente y nunca he visto a nadie ser castigado por haber conseguido confesiones de detenidos mediante torturas”, narra en el informe un exagente policial chino llamado Zheng Qianyang.
Richardson explicó que no existen visos de eliminar estas prácticas: “Cientos de personas siguen siendo detenidas e interrogadas, y algunas han desaparecido durante este tiempo”.