“La reserva de vino que tenemos en Mérida es de dos o tres meses”, mientras que la de hostias “es muy poca por su alto consumo y porque las monjas que las elaboran tienen enormes dificultades para conseguir la harina de trigo”, explicó Porras.
En Venezuela, la falta de productos básicos ha complicado la vida de los venezolanos especialmente en el último mes, debido al control férreo del Estado sobre la economía.
Con la escasez de hostias y de vino de consagrar, ahora también resultaron afectados los feligreses de las más de 10.000 iglesias del país.
Como muchos sacerdotes de la zona andina de Venezuela, la Iglesia Católica venezolana analiza, entre algunas medidas, la compra de vino y hostias en Cúcuta, estado colombiano fronterizo con Venezuela.
Según el obispo, esta situación no se presentaba en Venezuela desde mediados del siglo XIX.