Fallece Robert Edwards, padre de la fecundación in vitro

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LONDRES (AFP). El premio Nobel de Medicina británico Robert Edwards, considerado el padre de la fecundación in vitro, falleció ayer a los 87 años de edad, anunció su universidad.

“Con gran tristeza la familia anuncia que el profesor Sir Robert Edwards(...) falleció tranquilamente mientras dormía el 10 de abril de 2013 tras una larga enfermedad”, señaló el comunicado de la Universidad de Cambridge, a la que seguía vinculado.

El científico, a quien sus colaboradores y amigos llamaban Bob, dedicó toda su carrera a ayudar a millones de personas a hacer realidad su sueño de tener hijos.

Su mayor éxito, logrado en colaboración con el también difunto Patrick Steptoe, fue el nacimiento en 1978 de la primera ‘bebé probeta’, la británica Louise Brown, quien siempre se refirió a Edwards como su “abuelo”.

El inicio

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“Nunca olvidaré el día que miré dentro del microscopio y vi algo extraño en los cultivos”, dijo Edwards en 2008. “Lo que vi fue un blastocito humano mirándome fijamente. Pensé: lo conseguimos”, agregó recordando su descubrimiento de 1968.

Una década más tarde, el 25 de junio de 1978 nacía Louise Brown, fruto de la primera fecundación de ovocitos por espermatozoides en un tubo de ensayo, en un parto rodeado del más absoluto secreto para escapar al acoso de los medios de comunicación.

Nacimientos

En 1980, Edwards y Steptoe fundaron Bourn Hall, la primera clínica de fertilidad del mundo, donde continuaron perfeccionando su procedimiento, con más de 10.000 bebés nacidos hasta la fecha.

Se calcula que en todo el mundo cinco millones de niños fueron concebidos desde entonces mediante la fecundación in vitro, que consiste en fertilizar un óvulo en el laboratorio, y dejar que el embrión empiece a desarrollarse antes de implantarlo en el útero de una mujer.

Reconocimiento

Las investigaciones de Edwards, que comenzaron a mediados de los años 50, fueron recompensadas en 2010 con el premio Nobel de Medicina.

“El reconocimiento formal llegó tarde”, pero su trabajo tuvo “un impacto enorme en todo el mundo”, subrayó la Universidad de Cambridge, en cuyo departamento de Fisiología trabajó durante largos años.

Esta tardanza se debió en parte a la polémica que rodeó el trabajo del científico, criticado por “interferir con la vida humana”, por varios sectores de la sociedad.

El propio Edwards relató una vez que había sido “tratado de loco”. “Nadie quería asumir riesgos éticos. Me dijeron que los niños no serían normales”, explicó.

Sin embargo, su deseo de hacer avanzar el conocimiento científico y su determinación para ayudar a las parejas infértiles le animaron a seguir adelante.

“Lo más importante en la vida es tener un hijo. Nada es más especial que un hijo”, dijo Edwards una vez.