Alcanzar a ver el milagro del Fuego Sagrado en la iglesia del Santo Sepulcro, donde un llama emana de la tumba de Jesucristo para después ser extendida por todo el mundo, se tornó en una misión imposible para numerosos creyentes, que trataban de alcanzar el lugar santo a través de las laberínticas calles de la ciudad vieja.
A cada giro que daban, en cada recoveco, en cada callejón que llevaba a las arterias principales, se topaban con una barrera y con las fuerzas de Seguridad israelíes, fuertemente armadas, que les restringían en paso.
Solo eclesiásticos y residentes podían entrar al lugar momentos antes y después de la ceremonia.
“Las delegaciones y misiones llegaron al lugar a la hora establecida y la celebración se desarrolló sin problemas”, informó el portavoz de la Policía israelí, Miki Rosenfeld.
Sin embargo, muchos peregrinos llegados desde todo el mundo vieron frustrados sus deseos de compartir el “milagro del fuego” al toparse con las barreras que les impedían acceder al templo, por lo que algunos resolvieron iniciar sus oraciones en los puntos de control móviles.
“¿Cuál es el motivo de estas restricciones? Demostrar quién tiene el poder, quién es más fuerte”, criticó Nael, un palestino que regenta una joyería en el distrito musulmán y observó desilusionado cómo ambos accesos a la calle donde se encuentra su negocio permanecían cerrados.
Nael aseguró que es la primera vez que se realiza un despliegue de seguridad de tal magnitud y lamentó los efectos, económicos y personales, de formar parte de la ciudad sagrada para las principales religiones monoteístas del mundo.
“¿Te imaginas la cantidad de dinero que pierdo en un día como este? La vida aquí, si lo puedes llamar vida, es miserable. En cuanto a la religión, solo importa una, la judía, y los demás estamos desprotegidos”, condenó.
Este año el patriarcado griego ortodoxo de Jerusalén lanzó una campaña para exigir la libertad de oración, haciendo alusión a la libertad de movimiento, que impide a palestinos pero también a peregrinos de todo el mundo visitar algunos de los lugares sagrados durante las principales fiestas religiosas, como es la Semana Santa.
El lugar donde la religión asegura que Cristo fue juzgado, crucificado y resucitó se ha convertido en un lugar inaccesible para muchos creyentes, especialmente palestinos, que ven cómo las limitaciones de movimiento afectan a sus prácticas religiosas.
Según la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) “las celebraciones se han visto radicalmente afectadas por las restricciones en la vida social, política, cultural o religiosa de los palestinos en el ocupado Jerusalén Este”.
