“No me había dado públicamente porque, de verdad, había barreras de miedo, de sus enemigos, de que me callaran, de la burla”, afirmó Luz María Escobar, una de las hermanas del líder del Cártel de Medellín, quien llegó a ser el hombre más buscado del mundo.
A la tumba de Pablo Escobar peregrinan turistas, curiosos y devotos. No le faltan flores, y un jardinero externo al cementerio de Montesacro, en el sur de Medellín, se encarga de su mantenimiento diario.
“Tengo tantos sentimientos encontrados, ojalá abran sus corazones para el perdón”, dijo Luz María, quien realizará un homenaje público para las víctimas mañana, cuando se cumplan 20 años desde que su hermano muriera huyendo de la policía en un tejado.
“A veces siento que yo hubiera podido hacer algo, en ese momento de su guerra y de su lucha, por las víctimas, y para que él no dañara su vida como la dañó”, afirmó.
A Pablo Escobar se le atribuye la muerte del ministro de Justicia Rodrigo Lara, del director del diario El Espectador Guillermo Cano, y del aspirante presidencial Luis Carlos Galán. Además, sumaría cientos de muertos más por bombas colocadas en un avión comercial y en la sede del servicio secreto DAS en Bogotá.
Según la fundación Colombia con Memoria, las víctimas de Escobar podrían ascender a 50.000.
Acompañado de su madre, Hermilda Gaviria, y de Álvaro de Jesús Agudelo, alias Limón, el escolta que murió con él, Escobar yace en una tumba sencilla.
La lápida, que ha sido remodelada en varias ocasiones, ahora tiene un estilo zen, compuesto por un rectángulo lleno de pequeñas piedras blancas de cuarzo y dos bonsái de pino que crecen desordenadamente.
Luz María explicó que mucha gente se lleva las piedras de recuerdo.
