La paz, un campo minado en Colombia

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BOGOTÁ (EFE). Los planes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para atentar contra personalidades políticas desvelados esta semana por los organismos de seguridad han puesto de manifiesto que a pesar de los avances en las negociaciones en Cuba, el camino de la paz es un terreno minado.

El ministro colombiano de Defensa, Juan Carlos Pinzón, reveló el pasado martes que la columna móvil Teófilo Forero, considerada como una unidad de élite de las FARC, planeaba atentar contra la vida del expresidente Álvaro Uribe (2002-2010) y horas después la Fiscalía dijo haber sido informada de un plan similar contra el titular de ese despacho, Eduardo Montealegre.

El Gobierno no dio detalles de la conspiración, descubierta por el servicio de inteligencia de la Policía, pero al menos en el caso de Montealegre, la información “ha sido corroborada por el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía”, según un comunicado.

Estas revelaciones, sumadas a otras sobre la existencia de una supuesta lista encontrada en un campamento guerrillero con nombres de congresistas que podrían ser blanco de atentados o de secuestros, pueden hacer parte de un interés en descarrilar el proceso de paz entre el Gobierno y las FARC ahora que está avanzando.

Un atentado contra Uribe, el fiscal o cualquier personalidad política del país pondría en aprietos a las partes por la presión que haría la opinión pública nacional al Gobierno para levantarse de la mesa de negociación que el próximo martes cumplirá un año de haber sido instalada en la capital cubana.

El propio jefe negociador del Gobierno, el exvicepresidente Humberto de la Calle, dijo en un foro en Bogotá que de consumarse, “un atentado de esa naturaleza destruiría la viabilidad del proceso” de paz.

Los delegados de esa guerrilla en La Habana no se han manifestado hasta ahora sobre la conspiración y han dicho que esperarán a “que se decante bien la información”.

La pregunta que muchos analistas se hacen es si los negociadores de la guerrilla sabían de los planes de Teófilo Forero, lo que sería algo grave.