García, hijo de una familia de libreros de Logroño (norte español), decidió unir la producción de libros con su distribución a los lectores, una fórmula novedosa en la época que le garantizó una rápida notoriedad y el sobrenombre de “As de los libreros de América”.
La Buenos Aires que encontró a principios del siglo XX era una ciudad próspera, en rápido crecimiento, y con un floreciente comercio que tenía su epicentro en la peatonal calle Florida, donde instaló el local.
García atendía la librería junto a su familia y a libreros que eran verdaderas enciclopedias, por lo que se extendió con rapidez el dicho “si no está en El Ateneo, no existe”.
El catálogo inicial de la editorial incluyó títulos clásicos como “La divina comedia”, “El decamerón”, “La Ilíada” y una selección de obras de William Shakespeare, Rubén Darío, etc.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Finalizada la Guerra Civil española (1936-1939), García, vehemente republicano, empezó a imprimir obras prohibidas por el franquismo, una decisión ideológica que mantuvieron sus hijos cuando heredaron el negocio tras su muerte, en 1948.
