Los cerca de 12 millones de católicos chinos se encuentran divididos entre los obispos que forman parte de la asociación “patriótica” –controlada por el régimen de Pekín, que no quiere influencias extranjeras– y una Iglesia “clandestina”, que reconoce solo la autoridad del Papa.
Sin embargo, el Vaticano y China firmaron el 22 de septiembre un acuerdo que acercó a ambas partes, que habían cortado sus relaciones diplomáticas en 1951, dos años después de la llegada de los comunistas al poder y luego del reconocimiento de Taiwán por la Santa Sede.
China se comprometió a dejar de nombrar obispos sin el mandato papal –como ocurría en antes–, pero será consultada sobre los candidatos.
Así, el obispo de la Iglesia clandestina Jin Lugang fue ordenado obispo adjunto de la diócesis de Nanyang. Asistirá al obispo Zhu Baoyu hasta la jubilación de este.
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En 2018, Francisco reconoció a 7 obispos designados de forma unilateral por Pekín.