En pleno acercamiento con Estados Unidos, pero sin el soporte venezolano de antaño, la isla registró una contracción del PIB del 0,9% en 2016 frente al crecimiento de 4,4% de 2015.
Esto “nos sitúa en un escenario que no podrá revertirse a corto plazo” y que estará “caracterizado por fuertes restricciones”, admitió el ministro de Economía Ricardo Cabrisas.
Una perspectiva nada halagadora para el octogenario Raúl. Con su salida, más allá de que seguirá influyendo como máximo dirigente del Partido Comunista de Cuba, se cerrará la era de los Castro.
Tras la muerte de su hermano Fidel, padre de la Revolución cubana, nadie sabe a ciencia cierta a quién apadrinará Raúl como sucesor.
Pero Cuba enfrenta sus propios obstáculos: el pago de una deuda externa renegociada, la incertidumbre política en Venezuela, la caída de los precios y de la producción de azúcar y níquel, y la lenta reforma a favor del trabajo privado y la inversión extranjera.
En esta ecuación compleja se suma la incertidumbre sobre la política que seguirá la administración Trump, que podría revertir los avances que desde 2014 han dado los otrora adversarios de la Guerra Fría, lo que afectaría no solo la diplomacia, sino jugosas oportunidades de negocios concentradas por ahora en el turismo.
El Gobierno estima que el PIB crecerá 2% en 2017 y cifra sus esperanzas en que “mejore la situación de la economía venezolana tras los últimos aumentos del precio del barril de petróleo.
Este año Venezuela, agobiada por una crisis política y económica, redujo las entregas de crudo, lo que obligó a Cuba a restringir el consumo energético.
Al mismo tiempo la isla dejó de recibir importantes recursos por los servicios médicos que le ofrece a su aliado.
Sin capitalismo
Cuba también apuesta a un mayor flujo de capital extranjero. Incluso el presidente Raúl llamó a desterrar los prejuicios que han provocado “dilaciones excesivas del proceso negociador” de inversiones.
Pese a que las dificultades parecen acumularse, Castro fue enfático: “No vamos ni iremos al capitalismo; eso está totalmente descartado”.
De ahí que la reactivación económica dependa en buena parte del ritmo que tomen los cambios económicos que impulsa el Gobierno para oxigenar el modelo de corte soviético.
Pero para expertos cubanos como el economista Carmelo Mesa-Lago, catedrático emérito de la Universidad de Pittsburgh, las reformas están estancadas y “en algunos casos” se evidencia un “retroceso”, enmarcado en la desconfianza de los máximos dirigentes frente a una mayor apertura.
