“En nombre de Ucrania, quiero expresarles mis profundos agradecimientos a todos los países que hicieron donaciones al Fondo de Protección de Chernobil, por su comprensión y ayuda a nuestro país” para superar el desastre, dijo el Presidente.
La construcción del nuevo sarcófago, dijo, “no tiene equivalentes en el mundo”. Estaban presentes representantes de una veintena de países donantes, incluidos Estados Unidos, China y Francia.
El nuevo sarcófago, cuya primera fase había sido iniciada a principios de año, está diseñado para reducir la amenaza de radiactividad en la lugar.
Los restos del reactor accidentado fueron recubiertos con una capa de concreto, pero esta instalación, construida de urgencia, presenta fisuras y no puede ser considerada segura. La nueva estructura deberá tener unas 20.000 toneladas y llegar a los 108 metros de alto.
Mayor desastre nuclear
El accidente situado próximo de las fronteras con Rusia y Bielorrusia llegó a contaminar una parte de Europa, pero sus daños se hicieron más evidentes en los países que entonces formaban la Unión Soviética.
Miles de personas fueron enviadas sin protección al lugar del desastre para ayudar a combatir el incendio y enfriar el reactor dañado.
Más de 25.000 de esos “liquidadores”, esencialmente rusos, ucranianos y bielorrusos, han perdido la vida después de la catástrofe, según estimaciones oficiosas.
Una manifestación de ex “liquidadores” que participaron en las tareas alrededor de la central nuclear reunió un millar de participantes en Kiev. Ellos exigen una mejor indemnización. La manifestación incluyó extrabajadores que ya hicieron previamente una huelga de hambre para obtener una mejora en sus pensiones.
El sarcófago nuevo será ensamblado en un terreno contiguo al reactor y colocado después sobre el antiguo.
Unos 2,4 millones de ucranianos, incluidos unos 428.000 niños, sufren problemas de salud relacionados con el accidente, según números del Ministerio de Salud.
El comité científico de la ONU sobre los efectos de la radiación reconoce apenas la muerte de 31 operadores y bomberos ligados directamente a la catástrofe, al tiempo que la entidad Greenpeace estima en 100.000 el número de muertos a causa de la contaminación.
