A 27 años de la marcha del terror del primer “loco del volante” del país

Era un domingo espléndido. Hacía mucho calor, como ahora. Pero la puesta del sol, literalmente, trajo las tinieblas a la ciudad de Acahay. Una pancreatitis recién operada y una diabetes tratada con pastillas y brebajes se combinaron con el alcohol y provocaron la aparición del primer “loco del volante” del Paraguay. Esta es la historia del mítico personaje que hace 27 años atropelló y mató a siete personas y dejó heridas a nueve.

Recortes de ABC Color sobre el caso del “loco del volante”. Cubrieron la tragedia algunos  periodistas y reporteros gráficos como Vladimir Jara, Jorge Cáceres (+), Esteban Acevedo, Abilio Cabañas (+), Marcia Ferreira, Virgilio Vera, Yony Jara y Aldo Lezcano.
Recortes de ABC Color sobre el caso del “loco del volante”. Cubrieron la tragedia algunos periodistas y reporteros gráficos como Vladimir Jara, Jorge Cáceres (+), Esteban Acevedo, Abilio Cabañas (+), Marcia Ferreira, Virgilio Vera, Yony Jara y Aldo Lezcano.Archivo, ABC Color

José Vidal Céspedes Estigarribia nació el 5 de junio de 1953. Tenía 39 años de edad cuando en aquella calurosa jornada del 31 de enero de 1993, tal vez sin siquiera imaginarlo, marcó para siempre con el indeseable negro del luto a su propio pueblo, Acahay, una ciudad del departamento de Paraguarí ubicada a 105 kilómetros del Centro de Asunción.

Céspedes vivía, sin embargo, en la ciudad de La Paloma, Canindeyú, con su esposa y sus dos hijos. En la frontera era un escribano respetado y un casi consumado potentado. Estaba a punto de terminar también la carrera de Derecho. Todo le salía bien. Llevaba una vida perfecta. Bueno, casi perfecta. Sus allegados decían que padecía de una impotencia sexual a raíz de una diabetes avanzada y que eso lo trastornaba y lo volcaba hacia el alcohol. Por ende, a veces experimentaba brotes de violencia.

Vacaciones en Camboriú

El programa Crimen y Castigo de ABC TV rememoró el viernes último aquella dantesca tragedia, justo en su aniversario número 27.

Su protagonista, el escribano Céspedes, había decidido pasar el fin de semana en Acahay, con sus familiares y los de su esposa, antes de emprender viaje con su propia familia para unas vacaciones en Camboriú, Brasil, un destino turístico que cuando esa era todo un lujo.

El sábado 30 de enero, antes de arribar a Acahay, Céspedes se metió varias pastillas para aplacar un dolor de panza que le generó una reciente operación de las páncreas. Así, amaneció bien el domingo. Almorzó con sus parientes y a la tarde fue a un arroyo. Ese fue el principio del fin.

Ya en el arroyo, Céspedes empezó a tomar cerveza. Rápidamente, el alcohol le subió a la cabeza y, al mezclarse con las pastillas que seguía consumiendo, él mismo se provocó un cóctel mortal, aunque seguro no lo deseaba.

Se puso, literalmente, como loco. Subió a su ponderada camioneta Mitsubishi Montero, alzó a su esposa e hijos y empezó su marcha de terror.

Les chocaba una y otra vez

Primero chocó a un hombre que iba en caballo. El animal murió y el jinete quedó herido. Como su mujer e hijos gritaban desesperados, los bajó y reanudó la marcha a más de 100 kilómetros por hora en una zona ya por entonces completamente urbana.

Su primera víctima fatal fue su propia sobrina, una niña de cuatro años que estaba jugando en la vereda de su casa. Céspedes la persiguió y la aplastó contra una pared. Después retrocedió y le pasó por encima.

Con la niña muerta, “el loco del volante” condujo hacia una pareja que caminaba por la calle. El hombre murió también aplastado y la mujer quedó herida.

Dos hermanos que regresaban de la cancha a bordo de una moto fueron igualmente embestidos. Uno murió en el acto. El otro falleció al día siguiente.

Así, José Vidal Céspedes Estigarribia siguió arrollando a todos los que tenía en frente. Hasta un hombre con discapacidad mental fue asesinado por el “loco del volante”. A todos les chocaba una vez, después ponía marcha atrás y volvía a atacar.

Fueron dos horas de terror. Entraba y salía al centro de Acahay a toda velocidad y con su vehículo cada vez más abollado, por cada víctima atropellada. Los vecinos salieron a cazar al escribano con escopetas, rifles, revólveres, pistolas, machetes, piedras y todo lo que tenían a mano. Al operativo se unieron los policías y militares.

Finalmente, ya con su camioneta destrozada, Céspedes intentó esconderse en una casa abandonada. Lo ubicaron y lo atraparon en la madrugada del 1 de febrero. La población quiso lincharlo. Todos pedían la pena capital, es decir, matarlo.

Fuga, recaptura, condena y muerte

Cuando volvió en sí, el escribano dijo que no recordaba nada. Al saber lo que hizo, declaró que estaba deprimido.

José Vidal Céspedes estuvo en Tacumbú un tiempo y después fue internado en el Hospital Neurosiquiátrico, de donde se escapó en 1995. Fue recapturado en el 2000, en Mariano Roque Alonso, donde vivía bajo el nombre de David Romero. En 2001, el juez Carlos Escobar lo condenó a 25 años de cárcel. En 2007, le bajaron la pena a 22 años.

En 2008, dio una entrevista a ABC Color en Tacumbú y pidió perdón. Falleció en 2011 en un hospital, cuando aún seguía preso.

ileguizamon@abc.com.py