Acto preverso y criminal
“La niña de 10 años embarazada habla, además del acto perverso, criminal del padre-padrastro, de la desprotección de esta niña, que casi con seguridad es la historia de niños-niñas en situación de abandono, desprotección y desconocimiento del desarrollo del niño, niña”, indicó.
El profesional destacó el tremendo daño que causa a una criatura una agresión de esta naturaleza y la necesidad de un acompañamiento profesional para paliar el daño causado.
“El impacto y el dolor que genera en la ciudadanía y en la niña madre, que en vez de jugar con muñecas en brazos se siente violentada en sus derechos a jugar a lo que no entiende (...), genera un estado de paralización y de aumento de los temores típicos de los niños, que en el caso de esta niña ya no son imágenes o situaciones de los cuentos de hadas, sino que aquello a que se teme se convierte en algo lacerante y de absoluta crueldad”, explicó.
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Los abusadores por lo general son personas del entorno familiar, que aprovechan situaciones de desprotección de la criatura, así como la confianza de la misma para satisfacer sus bajos instintos.
Miedo generalizado, agresividad, culpa, vergüenza, ansiedad, baja autoestima y depresión son algunas de las consecuencias emocionales del abuso sexual.
