Mercadito 1 casi vacío y lustrabotas sin trabajo en Plaza de la Libertad

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El lustrabotas Bernardo  Pereira tiene un cliente después de un mes y medio. Dijo que tiene una hija 	que depende de él.
El lustrabotas Bernardo Pereira tiene un cliente después de un mes y medio. Dijo que tiene una hija que depende de él.

El tradicional “mercadito 1” tiene la mayoría de sus locales cerrados y unas pocas cocineras tratan de seguir vendiendo sus elaboraciones. Así también los conocidos lustrabotas de la Plaza de la Libertad dicen que no tienen trabajo desde hace un mes y piden solidaridad de sus exclientes.

El populoso Mercadito 1 ubicado en el microcentro asunceno, hoy se encuentra semivacío, por estar fuertemente afectado por la pandemia del covid-19. Varios locales han cerrado sus puertas y solo se ven las sillas puestas patas para arriba encima de mesas en desuso.

Entrar en los pasillos del mercado se ha vuelto triste, solo las rejas de los locales y ollas vacías. Este sitio generalmente se llena de gente todos los días y da alimento a cientos de personas en la zona. Sin embargo, ahora solo se vio a unas pocas cocineras preparando algunas ollas de comida y esperando a que algún cliente viniera a llevar sus elaboraciones para ganar el sustento diario.

Los sitios dedicados a verdulería y a venta de artículos celulares estaban cerrados.

Por otra parte, otro sector golpeado es el de los lustrabotas. Ayer encontramos a Bernardo Ramón Pereira, quien estaba atendiendo a un cliente en la Plaza de la Libertad. “Este es el primer zapato que lustro después de un mes y medio”, aseguró. El dueño del zapato dijo que acudió al lugar por solidaridad, y que sabía que la estaban pasando mal. El lustrabotas explicó que tiene una hija que depende de él y que por ello va todos los días. Comentó que trabaja en el lugar desde hace 30 años.

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El grupo de trabajadores se compone de 12 personas, pero no todos pueden ir, puesto que algunos viven en ciudades como Limpio y Luque, y no se les deja pasar sin una constancia. Los que sí están allí sobreviven, ya que entre todos hacen la comida en una olla popular con los aportes de cada uno.

“Nadie se acuerda de nosotros”, dijo Enrique Estigarribia en referencia a los diputados y otras altas autoridades que iban junto a él a que les lustre sus calzados, y que nunca más fueron desde que se declaró la emergencia. “Al menos una moneda o un coquito. Acá nos sentimos mal”, expresó.

El grupo de hombres, entre ellos varios de la tercera edad, recalcó que son trabajadores y que nunca han pedido dinero, pero que ahora no tienen clientes y tienen familias que alimentar.

Indigentes

Ante la pandemia, muchos indigentes sufren aún más puesto que antes al menos comían mediante la solidaridad de locales y transeúntes. Ahora, ante el cierre de los comedores y la escasa concurrencia, nadie los ayuda. Lejos están de tener un celular para pedir y recibir el subsidio estatal.