Es mamá de cuatro hijos, tres de los cuales almorzaban en la escuela hasta la semana pasada. Ahora, dice, el corte abrupto de la provisión del almuerzo hará que vuelva al “corre-corre” de ir a su casa a darles a sus hijos de comer, y reducirá su presupuesto, ya que la comida que recibían sus hijos le significaba un alivio.
“El Gobierno debería haber hecho un mejor control, en lugar de dejar sin comida a los chicos, una medida tan drástica. Somos muchos los perjudicados y creemos que hay algo de política detrás”, dice Patricia.
Cuenta que sus hijos comieron todos los días la comida, e incluso ella misma colaboraba en llevarla a las aulas.
“Nunca tuvimos ningún problema. Al contrario, la comida era muy buena, riquísima. Los padres siempre estuvimos supervisando todo y no hubiéramos permitido que se sirviera comida en mal estado a nuestros hijos”, dijo.
