Retratos de “Chespirito”, de Paéz, de Garbett y también del académico mexicano Hugo Gutiérrez Vega presiden el altar tamizado con flores hechas de papel violeta, naranja y amarillo, y rodeadas de imágenes de calaveras de distintos tamaños y colores en el salón de entrada de la Embajada de México en Asunción.
El inusual decorado fue realizado con motivo del Día de los Muertos, la fiesta tradicional mexicana en la que, según la creencia popular, los difuntos visitan el mundo de los vivos.
Con fotografías, “catrinas”, calaveras vestidas de forma elegante, comida y bebida para deleite del visitante del otro mundo, México recuerda el 1 de noviembre a los niños fallecidos, mientras que el 2 de noviembre lo dedica a los difuntos que partieron en edad adulta.
El papel del esmerado altar mexicano-paraguayo sustituye a las flores de cempasúchil que en esta época aparecen en México, explica a Efe el embajador mexicano en Asunción, Carlos Pujalte Piñeiro.
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El altar está hecho en varios niveles porque los indígenas, que no tenían el concepto católico de cielo e infierno, explicaban su universo con siete submundos y nueve cielos, relató el diplomático.
“En México es una tradición viva y considerada patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco”, añadió. Una tradición que también es un atractivo turístico y reúne en estas fechas a miles de viajeros en la capital y otros pueblos de México.
“Para nosotros la muerte es motivo de alegría, mientras que en el catolicismo es motivo de tristeza, en el fondo se trata de recordar y honrar a los muertos y que no se pierda la memoria”, manifestó Pujalte.