El padre, reflejo de la alegría de Dios

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Dios es un Dios de la alegría y de la paz. Cada familia debe ser un “jardín de alegría” porque Dios, por ser el Dios al Amor, es también el Dios de una alegría constante. Dios ama a quien da con alegría. El Padre debe cultivar y valorar la alegría, porque sin ella no es armónico ni pleno. Debe permanecer siempre sencillo, alegre y fiel a su misión.

El padre José Kentenich, fundador de la obra internacional de Schöenstatt, nos dice: “El que practica la alegría como actitud fundamental en su vida posee la llave para abrir los corazones de los hombres. Es como si tuviera una varita mágica capaz de descubrir la fuente profunda y misteriosa que fluye en el alma del otro. No obra solamente por su ser, sino también por su palabra y por su modo de actuar. Si tengo la posibilidad de regalar alegría, de ser un sol para los demás, debo serlo, porque con ello realizo una obra maestra”.

Rezamos en familia: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.