El padre José Kentenich, fundador de la obra internacional de Schöenstatt, nos dice: “Dios Padre es omnipresente. El padre debe ser omnipresente. Significa que los hijos están siempre presentes para él, al menos en su mente y en su corazón. Para el padre, sus hijos viven en su corazón, en su imaginación, en su mente. Omnipresencia significa la plena entrega al tú de sus hijos y, por lo tanto, significa que, ante todo, no es él el centro sino que sus hijos son el centro. Para eso está él allí. Los hijos no están allí, en primer lugar, para él; es él quien está allí para ellos”.
Rezamos en familia: Padre nuestro, Ave María y Gloria.