En el amor de un padre tiene que haber algo del amor insondable de Dios, y cuanto más profundo sea y también más claramente se lo perciba, tanto más profundamente reconocerá el hijo en dicho amor el reflejo del amor divino. El padre debe reflejar la gran ley universal fundamental: ¡Todo por amor, mediante el amor y para el amor!
El padre José Kentenich, fundador de la obra internacional de Schöenstatt, nos dice: “El padre humano debe ser el reflejo terrenal del padre Dios. Su ser paternal lo lleva a Dios, a generar y regalar su infinita riqueza en vida, felicidad, paz, bondad y poder, y a no mantenerlo exclusivamente para él”.
“Dios Padre le transfiere al padre de familia su paternidad generadora, educadora y plenificadora de la vida. Este es, por ello, su representante e intermediario para dar vida. Quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él”.
Con este novenario, el movimiento apostólico de Schöenstatt quiere resaltar la misión del padre, que en la familia transmite su autoridad a los hijos y enseña junto con mamá los valores morales y humanos.
Rezamos en familia: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.