Indicadores claros para casos de violencia y acoso

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Desde este mes rige un protocolo para atender los casos de violencia y acoso escolar, un fenómeno que ha cobrado notoriedad en los últimos años. Este documento define claramente los indicadores para identificar estas situaciones, así como la manera en que deben actuar las instituciones educativas. Sin embargo, los docentes aún no lo conocen.

Este es un caso clásico. La violencia y los abusos en la escuela no son nuevos. Pero han cobrado notoriedad por el grado de agresividad que adquieren algunos, y sobre todo porque gracias a los teléfonos celulares con cámaras y a la masificación del uso de las redes sociales se difunden abiertamente.

La directora de Protección y Promoción de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia del Ministerio de Educación, Verónica Argüello -la dirección encargada de que el protocolo funcione-, señala que el “bullying”, como se lo conoce ahora, existió siempre, pero no había un procedimiento formalizado para actuar.

Ahora está por promulgarse una ley contra el acoso escolar. Y el 2 de mayo pasado, el MEC aprobó por resolución Nº 8353 el “Protocolo de atención para los casos de violencia y acoso escolar en las instituciones educativas”. Este define claramente los indicadores para identificar la existencia de casos y la forma en que se debe actuar si se presentan.

Aunque el documento es amplio y cuenta con anexos bien detallados, todavía no se conoce en el ámbito educativo. Su proceso de socialización acaba de comenzar, y se difunde gracias a unos manuales apoyados por Plan Paraguay.

Un calendario establecido por el MEC indica que la socialización se hará a 16 grupos de cien personas cada uno, del 30 de mayo al 27 de junio. Principalmente se trabajará en zonas urbanas, donde el fenómeno tiene más presencia, por la concentración de personas. La semana pasada se trabajó con directores del MEC y psicólogos, que tuvieron acceso al manual didáctico para la prevención e intervención.

“La práctica nos muestra que cuando hay violencia física no necesita probarse, porque es más que evidente. Inclusive se puede derivar el caso al centro de salud, además de comunicar a los padres y a las autoridades del MEC. Pero hay que entender que la violencia y el acoso no se dan solo en el ámbito físico. Puede ser psicológico, verbal, social y requiere de cierto tiempo para analizar. Lesionar físicamente se considera violencia. Si me estaban amenazando, insultando, hostigando hay acoso”, indicó Argüello.

El protocolo tiene un enfoque de derecho y busca enfocarse en la prevención para que los casos no lleguen a ocurrir.
También se tiene en cuenta que los alumnos que son violentos en la escuela, generalmente también provienen de un ámbito violento. Por eso las medidas contemplan también analizar esta situación, y pedir el apoyo de instituciones como el Codeni, si lo que ocurre excede el ámbito de competencia de la escuela.

Indicadores de violencia
Entre los indicadores para identificar la violencia, el protocolo contempla desde lo más evidente: lastimaduras, quemaduras, fracturas, huellas de mordeduras y hasta ausencia de mechones de cabello. Estos ocurren con frecuencia y generalmente su origen no puede ser explicado por la víctima.

Pero también hay indicadores conductuales, como el trato cauteloso, la aprehensión, retraimiento o agresión, temor, ausencia frecuente de la escuela o miedo a volver a casa. Un dato importante es que el niño puede vestir mangas largas para ocultar las heridas.

En el caso de la violencia emocional o psicológica, los indicadores incluyen trastornos de sueño, trastornos del habla, tics, extremos de conducta, autoagresión, intento de suicidio o mención de ello, e inestabilidad emocional.

Si un niño o adolescente sufre violencia sexual puede que presente dificultades para sentarse o caminar, dolores en las zonas genitales, manchas de sangre, trastornos de sueño, desórdenes alimentarios, excesiva masturbación o interés exagerado por el sexo, bajo rendimiento y baja autoestima.

Indicadores de acoso
Según el protocolo, entre los indicadores puede darse que la víctima evite salir al recreo, tenga pocas amistades, solicite ir acompañado a la entrada o salida, presente síntomas sicosomáticos, tenga problemas de rendimiento escolar, sufra alteraciones en el apetito, pierda o sufra el deterioro de sus pertenencias y se queje de que es insultado y burlado.

Los espectadores del acoso generalmente suelen comentar los casos y sentirse mal ante el malestar de la víctima. Los victimarios, en cambio, actúan con prepotencia con sus iguales, tienen un grupo que dominan, sienten poca empatía y sensibilidad hacia los más débiles, su estilo es autoritario y competitivo y tienen dificultad para seguir órdenes.