La Dra. Estela Flores Acosta, psicóloga, titularía este capítulo de la vida real entre madre e hijo como: “¡Socorro, tengo un hijo adolescente!”. Hijos que gritan todo el día, viven enojados con los padres, no permiten que la mamá los acompañe, se aíslan. No hay respeto. No permiten el diálogo y ofenden. Todo esto lleva a muchas mamás a pensar que ellas están desfasadas, que son retrógradas o que no logran acertar en la educación. Este es más o menos el panorama que retrata a muchas mamás desesperadas con sus hijos adolescentes. ¿Qué pasó con aquel niño dulce? “Para poder recuperar a esta extraña fiera en que se convirtió el gatito mimoso o la dulce conejita, hay que entender y aceptar que el adolescente sufre una crisis biológica, existencial, argumental, emocional que altera su psicología interna, externa y su comportamiento social”, explica la profesional. El adolescente tiene una gran necesidad de sentir, expresar, actuar y controlar las emociones auténticas. Requiere que le tengamos paciencia y que no nos enganchemos en sus explosiones. “Piden a gritos que se les ponga límites. Están pasando como de la dictadura (de sus padres, familia, educadores) a la democracia y la libertad. Y a menudo confunden la libertad con el libertinaje”, señala la Dra.
Las madres deben saber también que los adolescentes pasan por un periodo de preguntas existenciales básicas: ¿Qué esperan de mí?, ¿quién soy? “Ellos necesitan respuestas para superar sus miedos al fracaso. El adolescente debe pasar del argumento de vida que hizo en la infancia a un argumento de vida realista y adulta. De esto dependerá el éxito de su vida futura”, explica la psicóloga y continúa: “Necesita reafirmar sus mandatos parentales, que si fueron buenos y los aprendió, están grabados en su conciencia. Necesita más que nada acrecentar su fe. Fe en una vida exitosa que logrará con esfuerzo, voluntad, estudio constancia, respeto y mucho amor a sí mismo y a los demás”. Las madres que no son suficientemente maduras se sienten incapaces de ejercer disciplina. Otro punto que nos debe quedar claro es que no somos amigas de nuestros hijos, somos sus madres. Afortunadamente la música, el arte, los deportes son métodos indispensables para formar el carácter y la disciplina del adolescente. “La recomendación es mantenerlo ocupado”, asevera la profesional. “Los griegos afirman que solo hay dos maneras de modelar el carácter: a través del deporte o del arte. Ambos requieren mucha disciplina. En música no podés saltearte una nota, en teatro no podés cambiar el argumento, hay que someterse. Esto es lo formador y es mejor que darle un celular que lo anula y envicia”. Finalizando subraya: “No hay que pelear con el adolescente, lo principal es que él sepa que se lo quiere, se lo acepta y se reconoce todo lo que hace bien”.
El método causa y efecto
Para la Lic. Gabriela Casco, psicóloga, la disciplina es fundamental. “Los límites no son verbales. El reto o castigo en este momento no funciona o en su defecto, humilla. Es mejor establecer todas las consecuencias de los actos que sean posibles. El lema es ‘causa y efecto’: si te sacaste malas notas no salís el fin de semana, te saco el celular o no te doy dinero. Esto servirá para formar su personalidad en la responsabilidad de sus actos. No porque cumpla más años será más libre, eso tiene que ganárselo”.
Para que los hijos cumplan su parte, es necesario dar el ejemplo. “De la misma manera en que mamá responda a su pareja, a su entorno, el mismo respeto, la misma inseguridad, la misma ansiedad, todo el campo emocional de mamá será el mismo que el adolescente proyecte inconscientemente en su vida. Por eso ser mamá de adolescentes es pulirse y autofiscalizarse todo el tiempo”, refiere la Lic. Casco. ¿Cómo hacer para poner límites y no sentirse “mala”? “También es necesario saber por qué cedemos, a veces dependemos del amor de nuestro hijo y tememos perder su afecto. Otras veces nos identificamos con su dolor o frustración por no poder hacer algo que le hemos negado. Hay problemas que nada tienen que ver con los hijos sino con la inmadurez emocional de la madre”. Enseñar leyes universales depende en gran parte de que nosotros como mamás las practiquemos. Cuando al hijo de 15, 16 años se le sigue ordenando su pieza estamos haciendo de él un paria existencial además de social. “Darles responsabilidades y confiar en ellos también formará su personalidad en la responsabilidad de sus propias vidas y recordarán que fue mamá la que los dejó o los malcrió”. La psicóloga cierra señalando que “ser madres de adolescentes nos transmuta en artífices de vidas adultas capaces de hacer impacto en generaciones venideras. Esa es una gran responsabilidad y desafío personal que solo se puede hacer por amor, sin miedo a los límites, únicas herramientas que corrigen algunas conductas típicas que en la adolescencia no han de faltar”.
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