Marta y María en la historia de la humanidad

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La figura y el gesto de María con la unción a Jesús es también un testimonio de servicio. Dice Jesús que María tenía guardado el perfume para el día de su sepultura. Indica aquella expresión que luego se hará patente en la tarea apostólica “lo que tengo te doy”. Es un gesto de generosidad. Es un gesto de desprendimiento. Es una manifestación de amor. María es la representación del pueblo de Dios que corresponde a Dios por su amor. Se siente amada y manifiesta amor. Amar a Dios es el amor que enseña a amar. Es reconocer verdaderamente ser creatura, ser hijo. Reconocer su providencia y su cercanía. Es un amor que enseña el desprendimiento y la entrega total. Ese amor se explicita en la fidelidad como discípulo. Y, la fidelidad como discípulo hace conocer la verdad que lleva a la verdadera libertad.

Marta y María de esta manera enseñan la riqueza de la presencia de Jesús en la historia de la humanidad. Servicio y amor son un motor que trabaja con fuerzas y constancia con un combustible que lo alimenta de manera continua.

La crítica de Judas Iscariote al gesto de María demuestra, entre otras cosas, que el bien tiene siempre el condicionante de las limitaciones. Es como disenso dentro de los esfuerzos. Pero es que la tarea en este mundo se hace a pesar de la envidia, de las críticas y hasta de las adversidades que el día a día plantea. Judas manifiesta su modo de pensar que según el mismo texto del Evangelio representa su modo de obrar. Tiene argumento bueno “se hubiera dado a los pobres”, pero es solo argumento vacío “lo decía no porque le importara los pobres”. Sin embargo, el mismo Jesús aclara el alcance del gesto. “Déjenla… a los pobres los tendréis siempre”. La comunidad es también un espacio para discutir y dilucidar la mejor acción y que todos estamos llamados a hacer lo que nos corresponde y no quedarnos solo para cuestionar desde nuestro puesto sobre las obras de los demás.

En conclusión. Este es el acontecimiento de la Pascua. Jesucristo invita con su presencia a vencer con Él todos los signos de muerte y de pecado. Todo aquello que nos hace mirar solo lo nuestro, sin involucrarnos en el bien que la sociedad necesita de nosotros y, que al no procurarse se vuelve estéril.