Un tesoro para amar

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Tal como la maternidad y la paternidad, la abuelidad tiene mucha importancia en el entorno familiar. La imagen estereotipada de abuelos viejitos y retirados va quedando atrás. Hoy, muchos de ellos siguen trabajando profesionalmente; algunos, si están solos, hasta se abren a una nueva relación de pareja, estudian otro idioma, computación, es decir, llevan una vida social activa.

“Los viejos tienen la sabiduría de haber caminado mucho. Debería ser para los jóvenes como el buen vino, que con los años se vuelve todavía mejor”, dice el papa Francisco. La frase guarda el valor de lo humano, bueno y cuidado. “Ser abuelo es una experiencia hermosa, gratificante e intensa porque es un sentimiento amplio que envuelve tanto lo que se siente por los hijos como por los nietos”, apunta la psicóloga Susana Vázquez. La abuelidad, palabra aún no reconocida por la RAE, fue acuñada por la psicoanalista y psiquiatra argentina Paulina Redler en 1980. “Ser abuelos –continúa la Dra. Vázquez– tiene que ver con una prolongación de la propia vida y una sensación de futuro, de alguna manera se seguirá estando aunque ya no se esté. En muchos hogares el soporte de los abuelos ha sido fundamental para que los hijos puedan hacer compatible trabajo y familia”.

– ¿Qué significa hoy ser abuelo?

– Debido a los cambios sociales y generacionales se han producido modificaciones en la familia. Los abuelos actuales son diferentes a los de antes. Se convierten en abuelos en plena actividad, por lo que dejan atrás al viejito con bastón de los cuentos infantiles o la abuelita canosa tejiendo. A comienzos del siglo XX los niños no llegaban a conocer a sus abuelos, actualmente muchos de ellos conocen a sus 4 abuelos, incluso a sus bisabuelos.

– ¿Los abuelos ya no cuentan cuentos?

– Los tiempos han cambiado y los estereotipos también, aunque los abuelos actuales sigan contando cuentos. Existe una creencia muy común de que los mayores sufren cuando los hijos abandonan el hogar; sin embargo, diversos estudios prueban lo contrario. Cuando los hijos se van, los padres se sienten liberados y pueden retomar actividades que habían postergado; al mismo tiempo, son capaces de mantener una relación mejor que antes con los hijos.

– ¿Existe una edad ideal para iniciar la abuelidad?

– Eso no depende de una decisión personal, sino de la elección de los hijos de ser padres. Quizás lo más difícil sea convertirse en abuelo demasiado joven o demasiado viejo. Hoy existen muchos que tienen su grupo de amigos, hacen deporte, abuelas que viajan en grupo, con amigas. Dejan de estar bajo las órdenes de los hijos.

– Para muchos padres y madres, sus hijos nunca crecen; por eso asumen la crianza de los nietos. También la desocupación impide a esos padres jóvenes independizarse.

– Es fundamental definir el rol de los abuelos. Estos deben considerar que sus hijos son responsables de tomar sus decisiones para con sus propios hijos, y deben respetarlas aún cuando no las compartan, salvo en caso de riesgo. Uno de los grandes conflictos es el tema de la aplicación de los límites. Lo importante es llegar a acuerdos saludables que beneficien a toda la familia.

– En tantos casos se torna imposible evitar el choque de generaciones.

– Sobre todo entre mamá e hija suelen ocurrir conflictos, ya que por lo general las mujeres se encargan de la crianza de los niños. Algunas abuelas no respetan el rol de madres; también algunas hijas piensan que es obligación de las abuelas cuidar a los nietos. Se da una confusión de roles, una anarquía que crea problemas de poder. Lo primordial es el bienestar de los niños. Los abuelos deben tener claro que ser abuelo no es una segunda oportunidad de ser padres.

– Gran dolor ocasionan estas disputas, incluso se llevan a la ley.

– Todo se puede arreglar con sentido común. Lo esperable es que los abuelos puedan aconsejar y guiar pero no hacerse cargo de la totalidad de la crianza de los nietos. Si la relación se da de manera sana, fortalece los lazos afectivos y marca huellas positivas en el desarrollo emocional de los niños. Para los abuelos, sentirse útiles es un aliciente. Ser abuelo es un regalo maravilloso que dignifica y enriquece, también divierte, especialmente si se disfruta de “malcriar” un poquito al nieto.

– ¿Qué representan los abuelos para los niños?

– Para ellos representan la historia y la unidad familiar, esto les hace sentirse seguros emocionalmente. A los ojos de los nietos, los abuelos son modelos de envejecimiento. El abuelo y la abuela son historiadores de las tradiciones familiares, los niños, además de los mimos, disfrutan mucho los relatos, y es una manera de ayuda para llenar el pasado y el futuro. Los abuelos se convierten en transmisores de valores morales que pueden ser fácilmente asimilables.

Nietos sin abuelos

“Si los abuelos murieron y el nieto no los conoció, de alguna manera llena este vacío la historia viva narrada por los padres: ‘Tu abuelo/a era así de valiente, bueno, inteligente’ (algunos nietos no les han contado ni el nombre de pila de sus abuelos), de ahí van desgranándose historias que dan sentido al árbol familiar y a la ubicación que cada uno tiene en él. Es una tarea que resulta bella y grata. Es la historia del héroe que habita en nosotros y de este modo, somos parte de un todo que nunca muere.

Si están vivos y el niño no tiene acceso a ellos, no me refiero a cuestiones de distancia, sino a conflictos familiares, constituye lo que hoy se llama ‘alienación familiar’ y es producto de la más profunda ignorancia y limitación humana, pues esos chicos son mutilados afectivamente. Esta limitación produce adultos inseguros, porque no han sido alimentados por una savia que es parte de su propia historia y que les fue negada. Nos guste o no, todos tenemos una historia familiar y debemos nutrirnos de ellos”, concluye la profesional.

lperalta@abc.com.py