CAACUPÉ (Magdalena Benítez y Arcenio Acuña). Marcelo Caballero (41), del barrio San Roque del distrito de Areguá, como cada 7 de diciembre desde hace 25 años llegó a Caacupé para vender su producción propia de la “cama de los promeseros”.
Mencionó que el año pasado probó suerte con 40 docenas y vendió todas, mientras que esta vez solo se animó a llevar 20 docenas, de los cuales, alrededor de las 21:00, había vendido seis docenas a G. 20.000.
Comentó que el pirí es su producción, que elabora con materia prima extraída de los humedales del lago Ypacaraí. En la tarea de vender en la Villa Serrana lo acompañan su esposa, Mariza Maqueda de Caballero (38).
Eugenia Hermosilla (57), del barrio Las Mercedes, de Areguá, desde niña también se dedica a la venta de pirí durante la festividad mariana. El año pasado vendió 10 docenas y el lunes llevó cinco docenas, considerando que disminuyó el interés de la gente en la “cama artesanal”.
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Marcelo Darío Ortiz (24), siendo las 21:30 aproximadamente, recién había vendido una unidad del popular “colchón” de los devotos de la Virgen. Tenía ocho docenas para comercializar y aseguró que por la experiencia de años anteriores para el amanecer ya no iba a quedar ni uno, ya que es la hora en que “florece” el negocio porque los promeseros se rinden por el cansancio y busca algo sobre el cual dormir.
De la compañía Caacupemí, Areguá, llegó Fernando Jara (21). Tenía tres docenas de pirí y un racimo de coloridos globos con gases para vender. Dijo que este año mermó la venta, aunque reconoció que su “especialidad” son los globos.
Ramona Franco (47), del barrio San Roque, de Areguá, se ubicó detrás de la Basílica. Tenía cinco docenas de pirí que ofrecía a G. 15.000 y G. 20.000. Comenzó a vender el producto artesanal cuando era niña, ayudando a sus padres.
