CAACUPÉ (Enviados especiales). No caer en la corrupción y en la soberbia, pidió también el obispo Giménez en su homilía ante la imagen de la Virgen.
Explicó que Dios nos destinó a ser sus hijos, santos e irreprochables: incorruptibles. Eso quiere decir que Dios nos dio la capacidad de no corrompernos, para que nadie nos reproche en la vida.
“Si nos corrompemos será por falta de formación, porque la catequesis fue insuficiente, porque nuestros padres no supieron enseñarnos a ser honestos, o por dejarle de lado a Dios, por haberle olvidado a ese nuestro Padre que nos hizo sus hijos, muy al comienzo, incorruptibles, irreprochables. O porque nuestros padres no nos enseñaron a ser honestos, como aquel papá que se me acercó y cuando le pregunté qué hizo su hijo, dijo que copió totalmente a espaldas de su maestra. Es feliz y eso es una corrupción”, indicó.
Al referirse a María dijo que fue irreprochable, inmaculada, sin mancha. Agregó que la obediencia es signo de humildad, mientras que la desobediencia expresa soberbia y no agrada a Dios.
Seguidamente mencionó cuándo uno es soberbio: “Soberbios somos a veces como institución eclesial y como personas con algún cargo pastoral, actuamos con el poder que tenemos y no tratamos como la gente necesita. Soberbios a veces como políticos, como gobernantes”.
Indicó igualmente que hacer solo lo que a mí se me antoja, porque a mí me gusta o me conviene, no corre. Y aclaró que mejor resulta si se trabaja en equipo con Dios y en equipo con los que nos rodean, buscando el bien de todos, y no solamente el bien de algunos correligionarios, socios, parientes o secretarios y secretarias.
En otro momento resaltó que la enseñanza es bien clara: “No pequemos más. Y si en algo volvemos a fallar con Dios, para eso está la confesión, la reconciliación, que produce alegría, paz. Recordó que una persona visitó a un amigo preso y le pidió para que no robe más y el otro le dijo: esa es mi profesión y esto no funciona”.
Durante la ceremonia de ayer Giménez recordó también a los compatriotas que viven en España, Italia, EE.UU., Argentina y otros países. “Desde Caacupé, para todos ellos, nuestro afecto y nuestra oración fraterna”, dijo.
En varios pasajes de la homilía comentó anécdotas que compartió con su feligresía, como una persona que se le acercó y le preguntó si este 8 de diciembre sería su última cena. “Y parece que está en lo cierto –le respondió–, porque en la Iglesia no existe la reelección”.
Comentó la solemnidad de la Inmaculada Concepción e indicó que aquí en Paraguay es la gran fiesta de la Virgen de Caacupé, “a quien veneramos en este su santuario recientemente visitado por el papa Francisco, quien le ha dado el título de basílica menor”.
Con la misa de ayer, la Iglesia en el Paraguay inició el Jubileo de la Misericordia establecido por el Papa para ser más solidarios con los semejantes.
