Un traguito para nuestros males

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Popularmente se dice que agosto es un mes aciago, los días suelen tener algo extraño en sí mismos, climáticamente diferentes, guardan también –estando en invierno– días cálidos y tormentas. “Se renueva la sangre”, dicen los viejos. Y en nuestro caso especial, rememora una tragedia imborrable que marcó directamente no solo la vida de muchísimas familias sino la historia de nuestro país.

La toma del carrulim (caña, ruda y limón) será una acción que, como cada año, no pasará desapercibida para los medios y la pregunta obligada va a ser: “¿Ya tomaste tu carrulim?” por diversión o precaución, seguramente lo tomaremos.

El carrulim es amargo, como el buen medicamento para el cuerpo. Pero hemos de pensar también en cuántas cosas queremos curar de nuestro ser nacional.

En estos días nuestro país sufrió una firma secreta respecto a Itaipú, mediante la cual Paraguay sale perdiendo en todo, aunque el presidente de la República haya querido suavizar diciendo que lo hizo para no ser más “pillos y empezar a ser un país serio”. El mandatario, lejos de ser “de la gente”, fue secundado por sus cercanos, como el embajador Hugo Saguier, quien en un momento contestó a la prensa que “no estuvieron presentes los técnicos de ninguno de los dos lados porque no iban a ponerse de acuerdo”. Los otros involucrados directos son: Castiglioni, Alcides Jiménez y José Alberto Alderete, todos renunciantes. Pero lo terrible es que seguramente ya estaba hecha la promesa y tan solo se concretó; fue una cuestión mezquinamente política o interesadamente económica, y no en el sentido de desarrollo ni de justicia distributiva.

No sé qué pueda hacer el carrulim contra la traición, remate, venta de los bienes del país, lo cierto es que cada día vivimos peor. Pero seguramente el trago buscará algún efecto mágico en el cuerpo de los ciudadanos acostumbrados a soportar las malas decisiones, elecciones y gobiernos.

La pobreza del paraguayo honrado, tan mencionada en canciones folclóricas y poemas, se está convirtiendo, como ocurre en todas las ciudades que crecen por migración de hambre del campo a la ciudad, en miseria con todas sus ramificaciones. La delincuencia creciente de jóvenes sin estudios, sin familia, sin trabajo, adictos, es otra de las enfermedades sociales.

Otro, el desgobierno municipal que no responde a las necesidades de una ciudad como debería ser Asunción. También el mismo pueblo tan dividido entre los indignados y a los que poco les importa más qué suceda mientras ellos tengan trabajo. Todo caerá. La deforestación, la desertificación, el monocultivo, el uso indiscriminado de recursos naturales también se irá en la esperanza del trago carrulim por la patria. La educación básica escolar ausente, la infraestructura, los programas de estudios universitarios acordes a nuestra realidad; los salarios justos, las empresas nacionales comprometidas primero con su país y después con su bolsillo. Todo esto se depura con medicina amarga.

Sí que tenemos razones para tomar el carrulim para los males que sufrimos. Vale, claro que sí, la depuración (con mesura). Todos los honestos la necesitamos.

lperalta@abc.com.py