Las manifestaciones que hoy molestan a muchos, como la reciente de los indígenas, revelan que en la mentalidad perdura la represión y la violencia como método de orden, al cabo cuántos quieren volver al despotismo nuevamente, eso es preocupante.
Leyendo los posts respecto a temas políticos y sus respuestas en las redes sociales, tenemos material de sobra para dilucidar en qué nivel nos encontramos. Nos hace falta entender sobre política más allá del chisme y el chiste. No obstante, en nuestro lento paso democrático, hoy podemos manifestar ideas que antes no podíamos. Y por más que condenen la comodidad del teclado, las redes sociales tienen también su valor y poder de convocatoria. Sobre por qué nos falta impulso para salir a protestar a la calle es lo que tenemos que trabajar desde grupos pequeños: las comisiones vecinales, los grupos de padres, los grupos de la parroquia, los grupos de amigos. La participación política a través de las manifestaciones masivas es pilar fundamental para conseguir beneficios colectivos, pero es requisito sine qua non saber bien qué estamos pidiendo, es decir estar informados de buena fuente. Aunque los políticos nos decepcionen siempre, es preciso confiar, captar y proponer personas preparadas e intachables que vayan desplazando a los actuales jueces, fiscales, ministros, diputados, senadores y al mismo presidente de la República si no responden con altura moral y ética. A la mayoría honesta nos indigna la injusticia, más razón para buscar conciliación a través de la participación ciudadana.
“Querer informarse sin esfuerzo es una ilusión que tiene que ver con el mito publicitario más que con la movilización cívica. Informarse cansa y a este precio el ciudadano adquiere el derecho de participar inteligentemente en la vida democrática” (Ignacio Ramonet).