¿Por qué será? Una de las causas es que los valores se han perdido en el hogar, en la sociedad y ni qué decir, en la política. Todos los hechos que observamos a diario en los medios de comunicación sobre corrupción, traiciones, mentiras, extorsiones y tantas cosas más, obedecen a que perdimos el rumbo y algunas personas olvidaron las reglas de honestidad, responsabilidad y rectitud moral que les dieron en el hogar y en la escuela.
La situación es realmente grave, porque si todos nos volvemos analfabetos morales, la sociedad va a la deriva y nadie puede controlar tanto caos y desorden. Si cada uno hace lo que quiere, sin tener en cuenta que todo tiene su límite y sus reglamentos, no sabemos a dónde vamos a ir a parar. O ya sabemos por la condición actual en que nos encontramos.
La pedagogía tendrá que buscar nuevos métodos para implementar en las aulas. Pensamos que los padres son los primeros maestros y que en el hogar se inician la práctica de la disciplina, el respeto, el amor al estudio y al trabajo. Y sobre todo un tema olvidado que nadie considera y que es poner límites a los niños desde muy temprano. En la década de los sesenta el pediatra Benjamín Spock propuso que los padres tenían que ser permisivos con los hijos, pero décadas después cuando el mismo observó la situación de los jóvenes que ya estaban a punto de convertirse en padres, se arrepintió de su teoría. En estos momentos en que las leyes hablan de los derechos de niños y adolescentes, muchos padres se encuentran desorientados por no saber corregir a los hijos pues temen que se los denuncien en juzgados y fiscalías. La falta de una correcta educación en el hogar se ve cuando contamos con chicos drogadictos, niñas embarazadas o jóvenes con sida. No solamente en esos aspectos, sino en pequeñas conductas cotidianas como no escuchar a los mayores, no llegar a hora, no tener disciplina, no ayudar en la casa, no respetar a los maestros y estar 24 horas con el teléfono celular en la mano, totalmente anestesiado y sordo. Cada vez esto se agrava más sin hallar una respuesta correcta.
Los que ya cumplimos cincuenta años y miramos hacia atrás contemplamos un mundo lleno de amor y respeto hacia los otros. Estudiamos con mucho sacrificio y al cumplir la mayoría de edad, habría que salir a buscar trabajo. Después había que pensar en formar familia y el matrimonio tenía que durar toda la vida. La familia era sagrada y no se discutía con el padre, los hermanos, los tíos y abuelos. Y participábamos en las actividades de la iglesia como verdaderos hermanos. Y con estos mismos valores tratamos de formar a nuestros hijos.
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Pero la sociedad ha cambiado mucho. Sobre todo el consumismo que ofrece fantasías y fugacidades. El marketing se introduce en los rincones de las neuronas buscando movilizar las partes más frágiles “el sistema de recompensa” para satisfacer supuestas necesidades. A los más vulnerables les convencen con la idea de que si no usan tal o cual marca, quedarán marginados y no serán aceptados socialmente. Entonces, un chico en vez de empeñarse en estudiar e investigar ciencias o artes, se preocupa más por la marca del celular, de la ropa o las zapatillas deportivas. Es un antivalor que consiguió imponerse con la publicidad.
No todo es malo en esta historia. En cuestiones de civismo avanzamos un poco. Y son los jóvenes los que nos sorprenden cada día con una mentalidad nueva y actitudes esperanzadoras. Quizás por el uso de las redes sociales, hoy están muy bien informados sobre todos los hechos políticos y sociales que ocurren e interactúan con ideas y opiniones. Incluso se autoconvocan y salen a las calles a realizar reclamos y peticiones. Y esto nos alienta y nos llena de esperanzas.