¿La economía o la vida?

SALAMANCA, España. Donald Trump, Jair Bolsonaro y Pedro Fadul coinciden en este momento en un mismo punto, mientras Boris Johnson parece a punto de descolgarse de este trío. Ellos piensan, es un decir, que en este momento de crisis global, lo importante es salvar la economía y los empleos. Por lo tanto, deben levantarse todas las medidas restrictivas, terminar con la cuarentena y hacer que todos regresen a sus lugares de trabajo, a producir, que lo importante es la riqueza que se genera. Es aquí cuando hay que preguntarse qué es lo que en realidad se debe salvar: ¿la economía o la vida?

No lo digo yo, que no soy un experto en ninguna de las dos materias, ni en la de economía ni en la de salud pública. Lo están diciendo los especialistas en epidemias y, por encima de ellos, lo están diciendo las cifras, que ellas nunca mienten. El riesgo mayor que se corre en la propagación de la peste del coronavirus es la aglomeración de gente. Por eso se recomienda que en caso de reunirse varias personas en un mismo sitio, se observe una separación de metro o metro y medio de distancia. Es la zona de seguridad. Y no darse la mano, mucho menos besarse en saludos y despedidas.

El pasado domingo 8 de marzo se llevó a cabo en diferentes ciudades de España una manifestación con motivo de celebrarse el Día de la Mujer. La marcha en Madrid fue multitudinaria; las organizadoras dicen que acudieron 120.000 personas. La responsable, Irene Montero, ministra de Igualdad, cuando se le advirtió del peligro que se corría dijo: “Ningún virus parará la lucha feminista” y una de las pancartas que se llevó decía: “Da más miedo el patriarcado que el coronavirus”.

Al día siguiente de la marcha, el número de infectados por el fatal virus subió al doble. Entre las víctimas, la mencionada ministra. La cosa se ha puesto tan seria que la justicia ha decidido abrir diligencias contra el delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, José Manuel Franco, por permitir la celebración de actos multitudinarios en la región, entre otros, la marcha del 8-M, pese a la existencia de un informe del Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades que ya llamaba, a principios de marzo, a evitar este tipo de concentraciones.

En el momento de escribir estas líneas España tiene ya 64.059 infectados, han muerto 4.858 personas y se han curado 9.357.

El tema del aislamiento se ha vuelto tan importante que el intendente de Milán (Italia), Giuseppe Sala, ha pedido disculpas, públicamente, ante su ciudad y el país, por haber apoyado, un mes atrás, la campaña “Milán no para”. Dijo que una cuarentena anticipada hubiese salvado muchas vidas. Al comienzo Milán tenía 258 casos y 12 muertes. Hoy (al escribir estas líneas) las cifras se han convertido en 32.346 casos y 4.474 fallecidos.

En nuestro continente, Paraguay fue el primer país en tomar medidas de contención y los resultados saltan a la vista: es el que registra menor cantidad de casos, tanto de infectados como de fallecidos, mientras Brasil, cuyo presidente Bolsonaro no deja de restarle importancia a la pandemia (“Esto es como un embarazo; va a terminar en poco tiempo”, dijo cuando estuvo en Pedro Juan Caballero), es el que se adelanta a todos en cantidad de muertos (3.027 infectados y 77 muertos).

Los expertos dicen que por el momento la mejor arma para luchar contra la expansión del virus es el aislamiento, “pero no basta con cerrar ciudades –han dicho–, sino que se observe el aislamiento rigurosamente”.

Podemos hacer que hoy lunes toda la gente regrese al trabajo para “salvar la economía y los puestos de trabajo”. Pero cuando las morgues no den abasto, como está sucediendo en España y en Italia, habría que preguntarse a quién recurrir para salvarnos.

jesus.ruiznestosa@gmail.com

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