Peor que el virus

La pandemia del covid-19 ha despertado al mundo en distintos aspectos y todo desemboca en un solo fin: conservar la vida. Pero además nos damos cuenta del egoísmo y la codicia de muchos funcionarios públicos que, resguardados en “sus derechos laborales adquiridos” y en “la ley”, se quieren asegurar sus sueldos y un montón de privilegios. Se enfurecen si se ataca a su familia (también acomodada en cargos) y popularmente se exige un recorte para destinar a salud pública. Desvergonzados los que salen a decir que un parlamentario no puede bajar su imagen, su nivel de vida.

La corrupción sembrada durante la dictadura perdura por generaciones y por lo visto ni este sufrimiento mundial que vivimos es suficiente para extirpar tanta mezquindad y codicia. La dolce vita, la comida segura (y opípara), los viajes, los hijos estudiando en el extranjero, la ropa cara, casas y autos, seguros de salud VIP, entre mucho más, todo defienden con uñas y dientes como “su trabajo, su vida” y hasta su patriotismo.

En la otra esquina, hay millones de paraguayos que no tienen nada, ni casa para quedarse, ni dinero para comer, ni educación para procesar tanta información. Todavía me encuentro gente que tímida se anima a preguntar “¿qué lo que es el covid?” Hay personas que creen que es una simple gripe, y creen no por ignorancia sino porque creer que no es tan grave es su única manera de sobrevivir entre tanta injusticia socioeconómica.

En Paraguay, tenemos la ventaja de poder reaccionar después de lo ocurrido en Europa. En busca de soluciones, ahora nos endeudamos a lo grande; bien decía un médico en las redes, “ese dinero no va a ir por completo a Salud, va mayormente a los sueldos del funcionariado público”.

En esta pandemia no todos estamos del mismo lado o en el mismo barco, hay quienes se sienten con más derecho a vivir a pesar de que son humanamente miserables.

PUBLICIDAD

Se postea mucho en las redes al presidente Nayib Bukele, de El Salvador, dueño de un discurso impecable que, al parecer, lleva a cabo en la práctica. Nosotros también queremos un presidente que hable con convencimiento, trasparencia, que elija la vida de todos sus compatriotas y no ceda a la presión de los egoístas: egocéntricos, ególatras. Marito, si bien tiene el voto de confianza de mucha gente en este momento, su discurso hasta ahora son más promesas que realidad, vamos a ver hasta dónde concreta y hace llegar su autoridad en pos del bien de todos los paraguayos.

En el mundo se han contagiado personalidades famosas en todo ámbito: deportivo, político, artístico, real, religioso, etc., porque ni el virus discrimina como tantos funcionarios soberbios. Vamos a salir de esta pandemia, aunque debemos prepararnos física, psíquica y espiritualmente para la enfermedad que puede llegar leve o compleja. La base del triunfo son los actos simples, solidarios y caritativos, la higiene, la alimentación, la menor exposición. La mejor medicina tiene su potencial en la voluntad del pueblo y en los reclamos correspondientes acompañando ahora a los médicos y siempre a los más vulnerables.

“El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu” (Umberto Eco.

lperalta@abc.com.py

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD