¿Se desMOROna Bolsonaro?

La suspensión por parte de la Corte Suprema de Brasil del nombramiento de un allegado del presidente Jair Bolsonaro como director de la Policía Federal muestra la imperiosa y relevantísima necesidad para un país de consolidar el equilibrio de poderes -cualquiera sea la ideología del líder que lo gobierne- ante el latente peligro de abuso de poder y el tráfico de influencias.

Sin entrar en tecnicismos jurídicos, el Supremo del vecino país se puso del lado del interés general sobre el particular.

El Supremo dio curso a una denuncia del vínculo cercano, de amistad, entre el candidato Alexandre Ramagem y Bolsonaro; que -según el exministro de Justicia Sergio Moro- quería en la Policía Federal un ente autónomo, presuntamente a un hombre leal a sus intereses particulares.

El alto magistrado Alexandre de Moraes argumentó su decisión señalando “incumplimiento de los principios constitucionales de impersonalidad, moralidad e interés público” y añadió que, “en un sistema republicano, no hay poder absoluto o ilimitado, porque eso sería la negación del estado de derecho”.

Moro, el exmagistrado símbolo de la lucha anticorrupción en Brasil, que condenó al expresidente Lula da Silva y otros políticos considerados intocables antes del “Lava Jato”, lanzó fuertes críticas contra Bolsonaro y hasta lo acusó de intentar “interferir políticamente” en el ente que cumple funciones de policía judicial del Estado.

Bolsonaro preparó su defensa y negó cualquier pretensión de “injerencia”. Ratificó que la intención de tener a Ramagen en la Policía Federal no era más que para fortalecer la comunicación entre este organismo y el Ejecutivo.

Pero el nombramiento del comisario -suspendido después- no hubiera generado tanta controversia e incluso no hubiera costado la apertura de investigaciones, de no ser por la cercanía que tendría con los hijos del mandatario brasileño, quienes están, a su vez, en la mira de la Policía Federal. Esta lleva actualmente pesquisas por presunta corrupción que generarían cierta preocupación a los hermanos Bolsonaro.

El Ministerio Público, autorizado por el Supremo, inició una causa contra el presidente para determinar si incurrió eventualmente en delitos como coacción, prevaricación u obstrucción a la Justicia.

De igual manera, Moro fue incluido, pues de no comprobarse sus acusaciones contra Bolsonaro, podría ser denunciado por “calumnia”.

Esta “novela” brasileña aún dará mucho de qué hablar. Pero en sus capítulos iniciales nos deja como reflexión que un compromiso real de la justicia consolida la igualdad ante la ley y la democracia en tiempos en los que acechan las ideas extremas.

viviana@abc.com.py