Organizados

¡Solo el pueblo ayuda al pueblo!, gritaban jóvenes de la “primera línea”, un colectivo de manifestantes dedicados a enfrentarse físicamente a los Carabineros de Chile en el contexto de las protestas chilenas 2019-2020, mientras que desinfectan las instalaciones del metro en Santiago de Chile, con el fin de cuidar a la clase trabajadora que tiene que desplazarse cotidianamente, incluso en cuarentena. Pobladores de la favela Paraisópolis, la más grande de São Paulo, dan ejemplo de organización para el cuidado de la salud en la comunidad; las mujeres están al frente de la provisión de alimentos y promueven la confección de barbijos como medio de generación de ingresos para las que han quedado sin empleo. En Paraguay se multiplicaron las ollas populares y las redes solidarias lideradas por mujeres para dar una respuesta a la crisis económica y alimentaria que se desata con las medidas de aislamiento social causadas por la pandemia del covid-19 y el desempleo.

Actualmente, antes de la pandemia y en pandemia queda evidenciado crudamente que este modelo de Estado, esta democracia no es representativa, y que se gobierna para seguir sosteniendo privilegios de los viejos y conocidos gobernantes que están en el poder desde hace 70 años. Hace unos días, un grupo de personas se manifestaron en contra de la corrupción estatal que causa aún más indignación en tiempos de crisis sanitaria a nivel mundial.

Esta pandemia nos encontró a todos y todas desmovilizados y separados o aislados por diversos motivos, políticos, ideológicos y algunos hasta casi mitológicos. El miedo al contagio y el confinamiento obligatorio nos hicieron también repensarnos y replantearnos.

Ante la falta de alimentos, surgieron las ollas populares por una cuestión de necesidad ante el dolor del hambre. Esta propagación de ollas populares muestra que frente a la ineficiente respuesta del Gobierno con sus programas sociales surge la enorme necesidad de estar organizados.

Organizados para defendernos contra el Gobierno y protegernos del contagio. Reinventarnos y debatirnos nos llevó a estar permanentemente en alerta y movilizados ante los graves hechos de corrupción que todos los días salen a luz pública por medio de los medios de comunicación.

Camilo Álvarez, del colectivo CEAAL, de Uruguay, manifestaba recientemente en un encuentro virtual de educación popular que la necesidad de estar organizados tiene que ver con transcender el hecho puntual de organizarse para una necesidad y tiene que ver también con una forma de entender los vínculos y el transcurrir de nuestras vidas en términos de que organizados es mejor, de que organizados podemos transitar otros problemas y de que además estar organizados no implica solamente que tenemos posibilidades de responder a los problemas sino que organizados tenemos posibilidades de construir un mundo distinto.

Esta suerte pandémica llegó para posicionar afortunadamente la palabra “organización” y poder contrarrestar el individualismo que venía ganando terreno. Y para demostrarnos además que esa lógica de sálvese quien pueda, vinculada al individualismo y al consumismo de la felicidad, no es el camino correcto.

Este contexto de pandemia en nuestro país, en medio de ollas populares, solidaridad, defensa del derecho al trabajo, del derecho a la alimentación, ante la necesidad y el desempleo, nos viene demostrando que estar organizados nos marca la hoja la ruta que hay que seguir para enfrentar determinadas batallas.

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