Los bañadenses vienen ocupando de manera persistente las zonas inundables del río Paraguay preferentemente dentro del municipio de Asunción. Son protagonistas principales de la informalidad y preferentemente también de la ilegalidad. Aunque entre ellos hay también honestos y delincuentes, trabajadores y haraganes, están estereotipados como carentes de voluntad para progresar y por tanto viven eludiendo la confrontación con los demás para hacerlo solo entre ellos mismos.
Se sintieron amenazados en su territorio por la deficiente implementación de una medida municipal, que tal vez tienda a mejorar el nivel de vida de los mismos, pero la torpeza municipal hizo que apareciera como la amenaza de un garrote, la de poderosos contra indefensos.
Puede que los bañadenses no tengan conciencia del peligro para sus vidas de vivir en zonas inundables, insalubres y violentas, pero no se los puede acusar de falta de conciencia colectiva de sus territorios. A falta de trabajo reaccionan en forma individual y familiar, a la falta de salud y buena educación, de la misma forma; a la inseguridad, igual.
Pero cuando intentan tocar su lugar de residencia, todos son uno solo, son una multitud, una masa, donde lo heterogéneo se vuelve homogéneo y la estructura síquica del individuo se destruye para dar nacimiento a un carácter promedio propio de la multitud. Al menos eso lo sostiene Gustave Le Bon, psicólogo y sociólogo francés, con algunas objeciones de Sigmund Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo”.
Lo demostraron el día del “ataque” a la Municipalidad de Asunción. Pueden entrar a “su” zona a llevarse a peajeros, cuchilleros, crakeros; pueden discriminarlos por trabajo, estatus social; pueden utilizarlos como operadores políticos y engañarlos una y otra vez como vendedores de cédula o lo que sea, pero no pueden tocar “su” territorio.
El día del “ataque” no fueron ni muchos ni pocos; fueron una masa en acción. Le Bon explica que en esa circunstancia el individuo integrado en una multitud, adquiere, por el simple hecho del número, un sentimiento de potencia invencible, merced al cual puede permitirse ceder a instintos que, antes, como individuo aislado, hubiera refrenado forzosamente. Desaparecerá el sentimiento de la responsabilidad, poderoso y constante freno de los impulsos individuales. Dentro de una multitud, todo sentimiento y todo acto son contagiosos, y lo más importante es la sugestibilidad, es decir que un individuo puede ser transferido a un estado en el que habiendo perdido su personalidad consciente, obedezca a todas las sugestiones del operador.
Vimos todo eso que el sicólogo describe como multitud, pero también la reacción de una institución con la plenitud de sus miserias. Una Junta Municipal que vuelve asustada sobre sus pasos, un funcionariado espantado por el peligro de un eventual fracaso de la reelección del jefe y un jefe que reacciona colorodaháicha, en parte, y como intendente y como candidato, en parte. O sea responde con el caos.
Se puede entender que los bañadenses no tengan tiempo ni experiencia para construir y desarrollar incidencia política, y que ante el susto reaccionen como multitud, pero es inconcebible que una institución como la Municipalidad no tenga capacidad de llevar adelante eficientemente un proceso de intervención social para implantar un proyecto necesario para la ciudad y sus habitantes. Es el resultado de hacer vaivaínte las cosas.
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