Banderas en llamas

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Las banderas son de los pueblos. Y si se las queman en nombre de la reivindicación que fuera, los insultamos. No solo a un gobierno (se supone que esa es la intención), sino a toda la gente que se cobija bajo ese trapo colorido que concreta su identidad y su historia. Entre ella habrá quienes simpatizan con el Paraguay y los que no. Quienes se muestren comprensivos con los problemas de los paraguayos y los que nos adjudiquen indiferencia o menosprecio. Por lo que este acto insensato y bárbaro justifica a estos últimos mientras conseguirá que los primeros -que seguramente serán más numerosos- se sumen a aquellos. Quemar la bandera brasileña ha sido un acto de hostilidad estéril, innecesario y contraproducente, además de constituir un gesto indigno de nuestra digna historia.