El demonio de la pobreza

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Cada tanto surgen epidemias de posesiones satánicas. El diablo mete la cola y es precisamente entre los jóvenes donde efectúa sus trapisondas. Los síntomas, bien reales y visibles, son gritos, convulsiones y visiones macabras que pueden terminar en suicidio del endemoniado y que sin lugar a dudas dejan aterrorizados a los espectadores y familiares.