El matamoscas y el cuarto oscuro

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La mosca doméstica (Musca doméstica), esa que convive con nosotros desde hace mucho tiempo, es trasportadora de muchos males como el cólera, la disentería, la tuberculosis, la fiebre tifoidea, la salmonella, el ántrax y hasta puede causar la miasis (infección de los tejidos en los animales y el hombre).

Pese a convivir entre nosotros no es tan sociable que digamos, pues esta mosca acarrea muchas enfermedades infecto-contagiosas al consumir y contaminar nuestros alimentos. Sus patas sirven de vehículo para acarrear cualquiera de los males citados, además las enfermedades se transmiten por el aparato de succión que tienen estos inquilinos nuestros. Las moscas también tienen el aforo –como muchos de nuestros parlamentarios– de intoxicar el ambiente y la vida por el jugo gástrico contaminante que pueden regurgitar antes de alimentarse nuevamente. Es decir, pueden vomitar sobre nuestra sana comida lo que tienen en el infectado buche y ya me imagino a una mosca que eructe una tortilla contaminada sobre mi tapa cuadril que tan de “mes en cuando” con suerte, esfuerzo, sacrificio y desusada frecuencia, suelo ingerir.

Una mosca-hembra puede poner hasta unos 8.000 huevos que son de color blanco que en unas 24 horas van a convertirse en larvas y engullir todo y cualquier resto orgánico que sea rico en nutrientes.

Después de alimentarse, la larva se convierte en pupa de color rojo a marrón y luego de unas dos semanas llega a adulta y vuela para aparearse y completar el ciclo. Pueden vivir hasta unos 60 a 70 días, tiempo que disminuye con la alta temperatura y la mucha humedad.

Junto al mosquito, la hormiga, la rata y la cucaracha, la mosca es otra plaga con la que el hombre debe convivir: y me acuerdo de mi amigo, el finado e infalible Sopa’i Bogado, que machacaba a Noé por haber permitido el boleto de ingreso a su arca y la perpetuidad a estas terroríficas plagas e inservibles alimañas. En el próximo diluvio habría que decirle a Noé, o a quien se anime con su arca, que ya no permita el ingreso a estas musarañas. Habría que reflotar el Titanic para que suban a bordo estos parásitos y muchos políticos que forman parte de la cleptómana fauna partidaria criolla. Habría que hacerlos subir a bordo para tirarlos por la borda en alguna parte más profunda.

En esta época en que abundan las moscas, me refiero a los insectos y no al dinero, una herramienta a la que tan poca importancia le damos es el matamoscas. Su descubridor ya es merecedor de por lo menos algún otro y bolaterápico premio nobel alternativo. Se han inventado numerosos matamoscas, un pedazo de papel con pegamento y colgado del techo, un periódico arrollado y hasta una especie de raqueta a batería que fulmina al bicho tan molestoso, cuan político de cuarta.

Existen personas que hasta calculan el tipo de vuelo, si tiene viento de cola y si da la temperatura ambiental para atraparla a mano limpia. Son esas personas capaces de gozar con la muerte del enemigo; es probable que se trate de algún político partidario.

Quien utiliza el tradicional matamoscas, con sus múltiples variantes de mango de plástico flexible o rígido, calma sus nervios eliminando a cada mosca de a una como réferi de fútbol exhibiendo tarjetas rojas. Otros eliminan de a varias con mentalidad de zorro gris.

El buscar la mosca es trabajo nuestro de cada día y si por ahí aparece la mosca loca, como la que incubaron el Indert y los muchachos, debemos tener bolsas y vehículos para atraparla. Para atrapar la mosca y a los sinvergüenzas mosqueteros.

La oscuridad no les gusta a las moscas y si se alimentan de desperdicios y les va muy bien ¿debemos seguir el ejemplo? ¿Pueden estar tan equivocados estos millones de criaturitas de Dios? Los políticos paraguayos se pasan comiendo y tirando mierda y no les va tan mal que digamos. Para ellos el matamoscas no sirve, pero mueren en un cuarto oscuro…