Para reconocer cómo actúa una persona con inteligencia altruista puso como ejemplo el caso de un destacado joven que fue contratado por una importante empresa extranjera. El joven muy entusiasmado llegó media hora antes a las oficinas y estacionó su vehículo cerca del acceso principal. Al mismo tiempo llegó un alto directivo pero, a diferencia de él, este se estacionó mucho más lejos de la entrada.
Cada día se repetía la misma rutina en el estacionamiento, y el joven no entendía por qué razón el alto ejecutivo aparcaba tan lejos cuando lo podría hacer cerca por haberse levantado más temprano que los demás. La curiosidad pudo más que todo y un día decidió preguntarle la razón.
El ejecutivo le dijo: “Muy simple. Tenemos todo tipo de empleados, algunos son padres de familia que deben llevar a sus hijos a la escuela, otros tienen parientes enfermos, pero, más allá de los problemas de cada quien, lo importante es dejarles los lugares más próximos a la entrada a los que se retrasan por algún motivo para que tengan la posibilidad de marcar su horario a tiempo”.
Más ejemplos de lo que significa la inteligencia altruista deberían transmitirse en las escuelas, en las redes sociales, en todas partes, para que este conocimiento algún día forme parte de nuestra cultura que está muy distante de estas prácticas.
En nuestro país reina la inteligencia guerrera en todos los ámbitos. “Primero yo, los demás no importan, los demás que se jodan”, es reiterativo y evidente. Se practica en el tráfico con las constantes infracciones y adelantamientos indebidos. En los colectivos cuando a los pasajeros jóvenes les ataca una repentina somnolencia aguda para no ceder sus asientos a embarazadas o ancianos, y ocurre constantemente en nuestro gobierno.
Los inteligentes guerreros de los partidos políticos hoy (y siempre) anteponen intrínsecamente sus intereses y sus necesidades a la de los ciudadanos de este país que votaron para que los representen y velen por su bienestar.
El propio presidente de la República, Horacio Cartes, pareció decirles “jódanse” al Consejo de la Magistratura, al Tribunal de Honor, al Senado y a la ciudadanía al rechazar la elección de Linneo Ynsfrán como ministro de la Corte, cuando su candidatura fue ampliamente debatida, y catalogada como una de las mejores. La pregunta y la crítica son cuándo los gobernantes pensarán en el país y no solamente en sus intereses.
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