La sangre y el agosto poty

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Aparte del incendio del Ycuá Bolaños, el uno de agosto –aunque algunos entendidos idiomáticos me comentaron que la Real Academia Española ya aceptó el vocablo “primero” para denominar al primer día de cada mes, sin aceptar el segundo ni el tercero– es una fecha que resulta exquisita para enaltecer las costumbres populares.

Llegar con vida a este mes ya resulta estar con algo de ganancia y éxito. Es un mes en el que no debe desafiarse a ninguna enfermedad y mucho menos a las respiratorias. Ya se hizo una especie de costumbre criolla el hecho de adquirir una gripe, una influenza, una H1N1, una tos persistente, un catarro y una bronquitis.

El agosto este también sirve para comprobar que las vacunas compradas para controlar todos estos males, y alguna otra colección de enfermedades, fueron sobrefacturadas. Algunas con vencimiento y otras que están por vencerle al tiempo y sin posibilidades ni “esperanza” de ser utilizadas. Pero no todo debe ser negro en este agosto, un mes que también sirve para festejar el segundo tranquilo mes sin el estigma bolivariano.

Esta fecha nos hace recordar que una buena dosis de “carrulim” (caña, ruda y limón) puede blindar el corazón, protegiéndole de algún infarto; o, en dosis reforzada, también puede apurar un accidente vascular o algún accidente vehicular.

Una creencia popular asevera que en un primer día de agosto –otros impopulares memoriosos recuerdan que fue el primer lunes de este temido mes Caín asesinó a su hermano porque Dios aceptó la ofrenda que le presentó Abel. Este era agricultor y Caín un ganadero que criaba el ganado ovino. Mi elemental catecismo, y sumergido en un mar de dudas, me permite comentarles que los celos de Caín hicieron de motivos para matar a Abel. Este fue fundador del primer asentamiento humano que conoce la historia y cualquier parecido con nuestros asentamientos (sitios en donde en muchos de los cuales se sientan todo el día campesinos paraguayos haraganes) es una lastimosa realidad.

Este hecho, la reacción de Caín en contra de Abel –hijos de Adán y Eva, nuestros parientes lejanos– demuestra la victoria de la agricultura sobre la ganadería y que en este mes de agosto ocurrió el “día aciago”, día hacia lo nefasto y lo fatídico. Hoy los sojeros y los ganaderos se llevan un empate técnico, aunque con alguna ligera ventaja ocasional de uno de ellos, dependiendo de la aftosa, las sequías y de las inundaciones.

El pyno’i y el agosto poty tienen la fama de ayudar a la “renovación de la sangre” de todos los paraguayos y guaireños. Casi todos tenemos la duda sobre este inverosímil cambio. Es que existen tantos políticos que consumen y ni sangre tienen en la cara. El agosto poty (Senecio grisebachii) tiene la controvertida fama de purificar la sangre solamente en un día como hoy y que ayuda a la gente a la circulación. Ayuda a la circulación hacia los cementerios, ya que se trata de una maleza altamente tóxica y que ni los animales de cuatro patas lo consumen.

Y si hasta ministros fueron cambiados por mensajes de textos en teléfonos celulares y un presidente que le entregó cansancio y casi cuatro de aciagos años a su pueblo, ¿cuál es el problema en que nuestra sangre sea renovada? Es probable que el ADN de Lugo se haya realizado después de agosto, una vez que se le haya cambiado la sangre.

Hay que salir vivos de este agosto. Esa debe ser la premisa. En el agosto del 2013 tendremos otro cambio sanguíneo y dentro de poco, acá a la vuelta de la esquina nomás, se nos va a tirar encima el Karai Octubre. Entre este agosto, octubre y las internas partidarias de diciembre veremos con qué “pohã ñana” nos enzoquetan. No sé si tendremos remedio, pero de las malezas políticas no nos vamos a salvar.

En el Guairá hay gente diabética con azúcar en la sangre y para algunos no habrá agosto poty que valga ya que tienen el contrabando del azúcar en la sangre.