Las buenas noticias

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Cualquiera que sepa cómo trabajan muchísimos periodistas del interior del país entenderá la cantidad de sacrificios que deben hacer para poder mantener a sus familias.

A su trabajo como periodistas, muchos tienen que agregarle los roles de cobradores, repartidores, vendedores o recepcionistas, convirtiéndose en hombres orquesta de las empresas en las que trabajan.

Todo indica que varios colegas deberán también agregarle ahora otra habilidad, para transformar la realidad que ven a diario.

Así deberán decir por ejemplo que los constantes cortes de luz de la ANDE no son un insulto a los clientes que pagan su factura, sino una estrategia del Gobierno para recuperar nuestra capacidad de socializar, haciendo que salgamos a nuestros patios y veredas para compartir más tiempo con nuestros vecinos.

A la mala calidad del agua que distribuyen Essap y las aguateras, no se la podrá llamar un pésimo servicio, sino solo una estrategia elaborada para que nuestros organismos desarrollen más anticuerpos.

Los baches en las rutas y calles no serán producto de la ineficiencia y la corrupción, sino un plan para generar más puestos de trabajo para mecánicos y fabricantes de autorrepuestos.

Y lo mismo deberá decirse de la cantidad de asaltos, hurtos, robos y asesinatos; que en lugar de presentarlos como parte de un problema social que tiene varias aristas entre la corrupción judicial, la impunidad, lo represivo y lo preventivo, en realidad deberá ser presentado como un proyecto para generar más empleos para guardias, empresas de seguridad, y vendedores de armas.

Ni qué decir de esta obsesión por la reelección, que ocupa casi todo el tiempo del debate político; no podrá ser presentada como la ambición de unos cuantos inescrupulosos para quedarse en el poder, sino deberá exhibirse como un proyecto pensado para desarrollar la capacidad de debate político de los ciudadanos que mensualmente mantenemos el estado, y por ende a los políticos.

El mecanismo para lograr esta transformación de la realidad es el del apriete de siempre, el de premios y castigos con la publicidad estatal, el viejo recurso al que apelaron todos los gobiernos.

Este gobierno lo reimpulsó esta semana, con una reunión que presentaron como institucional y de Estado con los propietarios de radios, pero en la que el presidente del partido de gobierno les pidió a los dueños de radios que también transmitan la voz partidaria, y el vicepresidente los instó a que “dirijan a sus funcionarios” para poder reatar vínculos “políticos y comerciales” para poder contar las cosas buenas que el Gobierno hace.

Es fácil imaginar cuál será el nivel de libertad que tendrán muchos de los periodistas para ejercer su trabajo, y cuál será la calidad de la información que deberán entregar al público.

Así, a lo riesgoso y precarizado del trabajo en muchas zonas, en las que incluso el periodista depende de poder vender avisos para cobrar su sueldo, se le agregará ahora otro trabajo, el de mago, para poder transformar la realidad con la que se cruza diariamente.

guille@abc.com.py