En lo social, salud y educación parecen ser las presas favoritas; mientras que, en lo económico, obras públicas y de infraestructura constituyen el banquete predilecto. Justo, con una puntería infalible, aquellas áreas que constituyen las de mayores necesidades, debilidades y falencias del país.
Cualquiera que esté al tanto de la información diaria puede hacer una lista de ejemplos que confirme mi afirmación. Permítanme enumerar, como botones de muestra, aquellos que me vienen rápidamente a la memoria:
- Salud: El IPS, que no paga proveedores de medicamentos, pero financia vacaciones. El Hospital de Clínicas donde, por arte de magia, desaparecieron equipos que reaparecieron ante una denuncia periodística. Los quirófanos del Hospital Militar bajo agua, por un arreglo de techos que se pagó pero no se realizó.
- Obras públicas: Carreteras cuyos primeros tramos están destruidos antes de que se hayan terminado las obras. Paladas iniciales de obras que también fueron las finales, porque el trabajo jamás se realizó.
- Educación: El despilfarro de los fondos de Fonacide, del que me ocupé la semana pasada. La aparición de varios depósitos abarrotados de muebles y útiles escolares que llevaban años almacenados y nunca se repartieron, mientras en las escuelas o bajo los árboles se impartían las clases sin nada, ni mesas ni sillas, ni materiales didácticos.
Ya dije la semana pasada, pero conviene repetirlo, que malversar los fondos de educación es el crimen más canalla que se puede cometer contra los ciudadanos de un país, porque el déficit educativo se arrastrará por décadas, destruyendo el porvenir de las nuevas generaciones… ¡Por Dios, explíquenos a los ciudadanos dónde fue a parar la plata de Fonacide!
De cualquier manera, los ejemplos que he mencionado son apenas los dos o tres casos que primero he recordado de entre otros muchos, pero imagino que cualquier lector puede agregar, sin problemas, otra media docena, tan graves como estos.
El factor común entre todos esos casos es que se producen con la mayor frecuencia justo en las áreas donde la acción del Estado es clave, donde las carencias hacen más daño al Paraguay como nación, que cada vez padece un mayor atraso de infraestructura básica que frena su desarrollo.
Son también los que más perjudican a los paraguayos como personas individuales que ven los fondos de su salud y de la educación de sus hijos pasar de largo, sin dejar otra cosa que escándalos de corrupción e incompetencia.
Me objetarán que son esas también las áreas de actividad del país donde hay más dinero disponible para malversar y que, también, por ser tan sensibles, son aquellas en la que los escándalos tienen mayor impacto en los medios de comunicación y en la opinión pública y, en consecuencia, mayor conocimiento y enojo de la gente común, de los ciudadanos de a pie.
Aun así: ¿no hay al menos un mínimo de decoro y una chispa de patriotismo para evitar hacer daño justo donde el Paraguay es más endeble?
Por duro que parezca, esta sistemática coincidencia de los mayores escándalos con las mayores necesidades del país, hace pensar que en lugar de administrar el país unos compatriotas, lo estuvieran dirigiendo unos enemigos.
Unos enemigos que no hacen más que dejarnos presentes griegos en la actualidad y que ponen en riesgo el futuro del país. Esos enemigos son hasta ahora invisibles, aunque sus presentes griegos sean bien notorios… Son tan invisibles que si un fiscal o un juez los señala o acusa o se propone juzgarlos, sus superiores lo trasladarán inmediatamente lo más lejos posible, a donde no pueda verlos.
Invisibles para la ley, invisibles para la justicia, invisibles por la generalizada impunidad y hasta llegaron a creer que eran invisibles para los ciudadanos, pero creo que todos estamos empezando a verlos.
rolandoniella@gmail.com