Mamotretos urbanos

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El vocablo “mamotreto” tiene sus orígenes en el latín y el griego. Literalmente significa “criado por su abuela” y de ahí viene aquello de “gordinflón”, por la creencia popular de que las abuelas siempre malcrían a los niños y los consienten tanto, que hasta los vuelven obesos.

La explicación es solo anecdótica y no tiene ningún sentido peyorativo. Simplemente la rescatamos para matizar lo expuesto en este comentario para no deprimirnos tanto.

Asunción está llena de mamotretos, en todo el sentido malo de la palabra, en referencia a todo lo “irregular”, “deforme” y “abultado” por las intervenciones poco felices a las que la han sometido sus intendentes y concejales de turno, tan miopes a las exigencias de crecimiento y desarrollo urbanístico de la ciudad.

Huelgan los ejemplos. El primer adefesio es el Palacio Legislativo, más parecido a un centro comercial con forma de “platillo volador” que a sede de un Poder del Estado. Como si todo fuera poco, lo metieron en un edificio histórico de rasgos neoclásicos como si fueran trastos para una gran bolsa.

El mamarracho edilicio costó 22,5 millones de dólares. Le pasó de todo desde que se inauguró en junio de 2003. Los inspectores municipales advirtieron que es una “bomba de tiempo” en cuanto a prevención contra incendios. Cada vez que llueve se inunda. Tiene rajaduras y mientras la visitaban estudiantes de un colegio, cayó un ascensor.

Ahora le van a incorporar el estacionamiento subterráneo para 450 vehículos, que esperemos no destruya un espacio verde y no se convierta en una caja de zapatos en medio del Parque del Bicentenario.

El viejo Cabildo de hecho ya tiene una grotesca ampliación en la parte posterior, la cual destruye totalmente su fachada litoral.

La Plaza de la Democracia, inaugurada en abril de 1995, había sido presentada como el “símbolo de la ciudad para el nuevo milenio”, por el intendente Carlos Filizzola. Actualmente se constituye en un atentado contra la identidad patrimonial y urbanística de los asuncenos, está a la deriva y es un sitio casi indeseable.

Visualmente golpea y ha hecho perder identidad a un genuino espacio verde que caracterizaba tanto a la ciudad y era muy querido por los habitantes.

Otros cachivaches, de menor escala, enclavados en medio de Asunción, son el viaducto de media cuchara inaugurado por la administración de Evanhy de Gallegos en la Avda. Eusebio Ayala y República Argentina en pleno año del Bicentenario.

Los esperpentos urbanos siguen alimentando el “progreso” en la Madre de Ciudades. Cada día aparece uno nuevo de ornamento. La reja que le colocaron a la iglesia de la Santísima Trinidad carece de todo arte y no condice con el aspecto monumental que tiene esa majestuosa obra inaugurada en 1856 por Don Carlos Antonio López.

Por lo menos le hubieran pedido a un herrero trinidense que le pusiera un toque artístico a las varillas de hierro o dejar la pintoresca murallita tal cual. Al fin y al cabo tenía más atractivo y ya era parte de la identidad popular.