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Ministros fugaces

Este artículo tiene 7 años de antigüedad

En estos días se ha comentado mucho la poca duración de los ministros de Educación a lo largo de todos los gobiernos desde la caída de la dictadura. El diario económico Cinco Días publicó esta semana un informe en el que muestra que el promedio de duración de los titulares de esa secretaría de Estado es de poco más de un año y medio.

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Esta fugacidad de los ministros pone en evidencia dos cosas muy preocupantes: que los gobiernos, desde Rodríguez a Cartes, no han tenido el más mínimo interés en la educación y, por otra parte, que la mayoría de los ministros que ocuparon el cargo no estaban interesados en la educación, sino en la importancia política del ministerio que, con diferencia, cuenta con el mayor número de funcionarios.

No se trata solamente de los gobiernos, que no podrían desentenderse de forma tan clara y evidente del problema educativo sino también los partidos políticos, el parlamento (ni hablemos siquiera de gobernadores e intendentes que se dedican con entusiasmo a apropiarse el dinero de Fonacide) y en general la mayoría de la clase política carezcan del más mínimo interés por la educación.

Para completar este panorama desolador, ninguno de los candidatos a presidente de la República para las próximas elecciones ha dicho sobre la educación otra cosa que evasivas, vaguedades y vacías frases hechas, de esas que no significan nada, pero quedan bien en todos los discursos.

En los últimos años la situación ha empeorado cada vez más velozmente. Durante las internas, el gobierno de Cartes mostró claramente que considera el Ministerio de Educación una especie de seccional y a sus funcionarios, incluidos los docentes, simples operadores políticos y que los estudiantes son poco menos que un mal necesario, que resulta bastante molesto sobre todo cuando tienen la pretensión de aprender y formarse para el futuro.

Los resultados están a la vista. Todos los niveles educativos del país están, hoy por hoy, entre los peores no solo de la región sino de todo el mundo y, año a año, escuelas, colegios y universidades parecerían estar haciendo un esfuerzo para empeorar más y más rápidamente… Hasta las evaluaciones del propio gobierno así lo demuestran.

Pasan los años, cambian los gobiernos, se suceden los ministros fugaces y, pese a las contundentes evidencias de fracaso, la política educativa continua igual. Es como si empeorar la educación se hubiera convertido en una Política de Estado que han implementado, desde Stroessner hasta la actualidad, todos los gobiernos del Paraguay.

En las últimas semanas, tras la renuncia de Riera y el disparatado intento de dejar el Ministerio de Educación y Ciencia a un interino –especialista en fertilizantes, es decir no en cultura sino en agricultura– finalmente se nombró ministro a Raúl Aguilera, que parece tener un perfil, una trayectoria y una formación adecuados para el cargo, pero que será tanto o más fugaz que sus antecesores, porque el tiempo del gobierno Cartes se acaba.

Por otra parte, parece dudoso que lo dejen trabajar. Desde fuera del ministerio, por unas elecciones a mitad del año, que de nuevo ponen en primer plano la importancia política de esta secretaría de Estado. Desde dentro del ministerio porque, como ya se ha dicho, no está pensado ni organizado como un instrumento para administrar la educación, sino como una maquinaria de operación política.

Ese manejo del sistema educativo paraguayo por parte de las autoridades dejará una herencia maldita a las futuras generaciones del país: incapacidad para conseguir buenos trabajos y el resentimiento natural de quienes fueron víctimas de una educación que, en lugar de formar, deforma; que en lugar de trasmitir conocimiento, promueve la ignorancia.

rolandoniella@abc.com.py

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