No todas son meretrices

Este artículo tiene 8 años de antigüedad

El enfrentamiento verbal entre las diputadas coloradas Perla Acosta de Vázquez y Cynthia Tarragó nos recuerda el siguiente pasaje bíblico: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo, porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6,45).

Resulta absolutamente inaceptable que una legisladora, integrante titular de la Cámara de Diputados, haciendo uso de la palabra en sesión ordinaria del organismo parlamentario, insulte a una colega con la expresión “Nde puta cheichagua” (sos una puta como yo). Tal fue la frase textual que dijo la diputada Acosta de Vázquez a su par Tarragó. 

La legisladora acusada de meretriz declaró a la prensa que no solamente a ella se dirigió el insulto, sino a todas las mujeres integrantes de la Cámara, quienes también fueron calificadas de prostitutas. 

Aunque comprendamos que de la abundancia del corazón habla la boca, y que eso es una cuestión de preferencias privadas de quien lanzó la frase en guaraní, el problema surge debido a la investidura y al lugar en que se produjo el hecho. Los congresistas, en general, diputados y senadores, son representantes directos del pueblo, y cuando están sesionando en la cámara tienen la potestad legal de proclamar que están hablando en nombre de la ciudadanía. ¿Las mujeres paraguayas se ven representadas por alguien que se autodefine como prostituta? 

El exabrupto de la diputada Vázquez constituye una grave ofensa a millones de mujeres paraguayas que se merecen el reconocimiento y agradecimiento de sus hijos, de sus familias y de la sociedad en general porque son trabajadoras honradas que se ganan la vida con el sudor de su frente y procuran llevar adelante una vida digna acorde a sus valores morales.

La dura vida diaria nos muestra a miles de mujeres estudiando, trabajando, capacitándose, liderando organizaciones y dirigiendo empresas pequeñas o grandes, con la finalidad de contribuir efectivamente con la consolidación de una sociedad mejor, más humana y progresista.

Es una verdadera lástima que a veces algunos políticos ensucien y denigren las instituciones creadas por nuestro sistema de gobierno. En este caso, se trata nada menos que del Congreso, uno de los tres Poderes fundamentales del Estado, en donde deberían estar trabajando los mejores hombres y mujeres del país, los más capacitados, los más honestos y los más patriotas. 

Confundir el Congreso con un burdel es una muy grave equivocación. Es cierto que el Poder Legislativo es también un órgano habitualmente utilizado para las discusiones políticas, y a nadie debe sorprender que existan encendidas polémicas sobre determinados temas que admiten opiniones opuestas. Sin embargo, tales discusiones jamás deberían bajar al intercambio de groserías propias de un quilombo. 

Hechos de esta índole deberían hacer reflexionar a la ciudadanía sobre quiénes son los políticos que se postulan a los cargos parlamentarios, de modo que en los próximos comicios generales evitemos respaldar en las urnas a personas que nos van a hacer pasar vergüenza por su mala educación y por inesperadas confesiones como la de admitir que, a la par de parlamentaria, una dama está ejerciendo una de las profesiones más antiguas del mundo.

ilde@abc.com.py