Obras son amores

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Mt 21,28-32. Es conocido el refrán: “Obras son amores y no buenas razones” y justamente el Señor nos cuenta una parábola que trata de este tema.

Resulta que un hombre tenía dos hijos y pide a ambos para ir a trabajar en su campo y escucha dos respuestas y dos actitudes diferentes: uno dice que se va, pero no fue y, el otro comunica que no se iría, pero se fue.

Viene la pregunta realmente contundente: ¿cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?

Y todos concluyen que aquel que se fue a trabajar en el campo. Por ello, el Evangelio nos motiva a considerar las promesas que hacemos a Dios y a los demás.

En la vida diaria prometemos muchas cosas para los otros, como sea: que vamos a traer leche al volver a casa, que nos empeñaremos por vivir la fidelidad matrimonial, que mañana vamos a dialogar, que la otra semana estudiaremos con bastante ahínco, que el domingo siguiente vamos juntos a la misa y tantas otras cosas.

Casi siempre las promesas son buenas y despiertan entusiasmo, sin embargo, hay que cumplir lo prometido, pues prometer y no cumplir presenta un olor de artimaña y si uno va repitiendo este procedimiento pierde la credibilidad y se vuelve un badulaque.

Prometer cosas solamente para agradar, para hacer buena figura y ya con la intención de no cumplir es rematada hipocresía, incluso grosera maldad. Además de las promesas que hacemos y no cumplimos hacia familiares y compañeros, es menester analizar las promesas que hacemos a Dios y preguntar:

¿será que las cumplo como corresponde?

Están las promesas de nuestro bautismo y confirmación, de renunciar al mal y alejarse de las vanidades. Los Diez Mandamientos son para ser cumplidos, así como los Cinco Mandamientos de la Iglesia: ¿consigue usted recordar estos cinco mandamientos?

Para manifestar un amor auténtico son necesarias obras de amor, de generosidad, de perdón, de empeño, pues no basta esgrimir buenas razones y terminar como un completo buey corneta. Si prometemos y cumplimos, merecemos escuchar el elogio: este ha hecho la voluntad del Padre.

Si hacemos al revés, prometemos, pero sin cumplir, entonces estemos seguros de que las prostitutas, travestís y otros marginados de la sociedad llegaran antes en el Reino de Dios, no por su condición actual, sino por su esfuerzo por hacer la voluntad del Señor.

Estemos atentos para que nuestra fe en Dios no esté basada solamente en buenos sentimientos y flojas palabras, pero se manifieste por obras de justicia y solidaridad.

Paz y bien.
hnojoemar@gmail.com