Princesas Disney

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Disney cambia de rumbo respecto a las princesas, mantiene el rango de nobleza, pero hace a las niñas prescindir del sueño de encontrar al valiente y apuesto príncipe. No está escribiendo la segunda parte de aquellos cuentos que leímos pasadas generaciones, sino creando nuevos patrones. Hoy vemos en los medios masivos imágenes de mujeres vestidas como guerreras, solas y angelicales o modernas brujas, ya no feas y viejas, sino con cuerpo trabajado.

La joven soñadora y dulce fue enviada al tacho, ahora promueve otro tipo de mujer, leemos más decidida, independiente y liberada de la maternidad y el matrimonio. Para instalar un estereotipo de mujer, es necesario trabajar a la niña, en este caso redireccionar o quitarle su educación tradicional y hasta el juego infantil. El plan se da en franca armonía de poderes y se invierten millones de dólares en crear moldes, por eso estrellas de cine son contratadas: Sandra Bullock en “La Red”, Angelina Jolie en “Hackers”, la Trinity de “Matrix” o la Lisbeth Salander en “Los hombres que no amaban a las mujeres”, Scarlett Johansson en “Lucy”. Bajo esta situación, no es extraño que las mujeres promocionadas, como Jolie, anuncien su interés en la política.

El orden manda nuevos perfiles femeninos en los cuentos infantiles, las telenovelas y la indecisa publicidad, un campo en eterna contradicción o total coherencia a su objetivo comercial, pues en la publicidad la mujer sigue siendo un objeto sea vampiresa o “lideresa”.

El plan Disney apunta fuertemente a la amistad entre amigas, por ello mediáticamente ser amiga se valora mucho más que ser novia o esposa. El nuevo modelo de princesa Disney cambia el valor de la paciencia y la espera del amado, por viajar mucho y lograr cargos de poder en todo campo.
Construcciones globales únicas llegan a la velocidad del rayo, sin evolución, sin comprensión por parte de la mayoría, traen casi un nuevo alimento balanceado para féminas.

Sin menospreciar de ninguna manera los verdaderos y graves problemas que conciernen a las mujeres de las zonas menos desarrolladas, “mujer” se está volviendo una marca y lo que a ella atañe llega a ser repetitivo y extenuante. Ya he leído cosas como “las princesas Disney como víctimas de la violencia de género”.

Seguimos lejos de la ansiada libertad de vida y pensamiento de todo ser humano. Cuerpos y mentes prefabricados y rebuscadas provocaciones sexistas llegan a través de la propaganda invasiva, aprovechando las facilidades de la comunicación virtual. No todas pensamos igual y esto tiene que ser respetado. No existe una mujer, existen millones con historias propias, pertenecientes a distintas épocas. La ley no debe ser pensada “para un tipo de mujer” sino para la mujer integrada a su familia y a la sociedad.

La fantasía crea personajes y no está mal, pero de ahí tomarse en serio que las mujeres son ángeles, princesas, diosas, amazonas y hasta súper-heroínas por haber sido madres, o lo contrario, eternas esclavas y víctimas es discriminar la realidad y contradecir la igualdad y equidad.

Las nuevas princesas Disney no buscan más príncipes azules, un tema rico para investigar y charlar de madre a hija.

lperalta@abc.com.py