Jesús realiza su transfiguración antes de anunciarles su muerte en la cruz y, como este hecho iría a llenarlos de confusión, trata de afianzarles en la fe, y el excelente modo que encontró fue a través del gesto que leemos en el Evangelio.
Nosotros ya podemos quitar una enseñanza para la vida concreta: muchas veces, antes de que nos pasara algo doloroso, Dios ya nos habrá prevenido, exhortado y enviado muchas bendiciones.
Personalmente, me gusta entender la transfiguración como si Dios “abriera un agujerito” en el cielo y nos permitiera ver lo que hay allá. Es donde encontramos a Moisés y Elías, quienes representan a todas las personas que se pusieron al servicio del Señor y trataron de hacer el bien al semejante. Y vemos a Jesús con el rostro resplandeciente, por eso brota la expresión extasiada: “¡Señor, qué hermoso es estar aquí!”
Por otro lado, delante de las crueldades del sistema capitalista en el cual tenemos que desarrollarnos, de las manipulaciones de algunas autoridades y de la negligencia de uno mismo, nos sentimos aplastados y perturbados.
Por ello, Dios viene en nuestro auxilio, robusteciendo nuestra confianza y dando una orientación precisa: “Este es mi Hijo, escúchenlo”. Por lo tanto, si queremos transformar nuestro corazón y nuestra visión de las cosas hay que escuchar al Hijo Predilecto.
Escuchar a Cristo no es solamente conocer de un vistazo su vida, pero es realizar una adhesión personal a él, con todo el corazón, mente y bolsillo.
Estas tres características son muy significativas: con el corazón, pues donde está nuestro corazón ahí está lo que consideramos como tesoro; con la mente, pues hay que usar la inteligencia y organización para que los criterios del Evangelio hagan nuestra realidad más justa; y con el bolsillo, para que las cosas no se queden solamente en intenciones piadosas.
Pensemos siempre que nuestra meta final es el cielo y que debemos transfigurarnos para lograrla.
Y cuando un ser humano cambia honestamente en su interior, entonces lucha como un león para implementar transfiguraciones en el país, para que este sea desde ya un “pequeño cielo” de cordura y de respeto.
Paz y bien.
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